Vigorexia en el súper

Si estoy por algo en la vida, es por las metáforas, aunque prefiero los símbolos

Uno de mis propósitos de este verano fue ponerme en forma, así que he empezado ahora (con el retraso de rigor). Lo aprovecho para tomarme con espíritu deportivo la compra familiar. Es uno de los deportes más completos. No hay músculo que no se trabaje.

Hace años la publicidad de un agua mineral venía a decir lo mismo: la vida es el deporte más exigente. Quizá retiraron la publicidad porque el running da más sed y les convenía más. O porque la gente que tiene que ir a la compra no estaba, encima, por las metáforas. Yo, sí. Si estoy por algo en la vida, es por las metáforas, aunque prefiero los símbolos. Y de todas maneras, tengo que hacer la compra y, gracias a la amena literatura, estoy yendo con otro ánimo. Porque la literatura sirve para eso: para crear otro ánimo.

Los pasillos del supermercado son hondísimos y no se encuentra nada y voy con prisa, de manera que empujar el carro, que derrapa, debe de equivaler a unos cuatro o cinco kilómetros de marcha. Luego hay que cargar la leche, cuyas cajas son pesas. Depositarlas en el carro. Alzarlas hasta la cinta. Devolverlas en el carro. Ponerlas en el coche. Sacarlas del coche. Meterlas en la casa. Con cuidado con la puerta, que no se escape la perra. Soltarlas -la perra, la leche- en la cocina. Resoplar. Ordenar las cajas en la despensa. Igual el agua. Y las bolsas.

Con los congelados es peor. Porque te entra la angustia de que se va a romper la cadena de frío, te acaloras y te echas a correr. Luego nunca hay sitio en el congelador, que se pone a protestar con un pito porque lo tienes demasiado tiempo abierto. Te agachas y te levantas, trabajando como en un box de Fórmula 1.

Pero ¿usted no hacía la compra antes de ponerse a adelgazar? Sí la hacía, pero ahora con más ahínco. Las ventajas del deporte en el súper son múltiples. Primero, el ánimo. Segundo, el brío. Y tercero, al pagar te consuelas pensando que al menos puedes descontar lo que te habrías gastado en el gimnasio por hacer lo mismo, más o menos, y sin contribuir a la logística doméstica.

Como ya no damos abasto con los horarios, hay que darle la vuelta a la cuestión y que sean los horarios los que den sus vueltas sobre sí haciendo tres o cuatro cosas a la vez en varias dimensiones. La compra, el deporte, la armonía familiar, la idea de este artículo y, si uno es creyente, una ligera (por lo rápido que voy por los pasillos) penitencia. La doméstica cuántica.

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