La Azotea

Pilar Vera

pvera@diariodecadiz.com

Veranos de tradición clásica

Comentaba un amigo que el mejor verano, a medida que te van cayendo años encima, es el del pasado. Como a buenos viejunos, se nos antojan los referentes arrebatados: las bandejas de cartón de papas fritas con ketchup; el Frigodedo fresisandío; las lecturas de madrugada -que refrescaban más-; las pelis en blanco y negro, también de madrugada. Pero hay rituales que, desde luego, se mantienen. Para los pueblos del norte, el verano era el milagro, un concepto suave, nutricio y femenino. No necesitaban, desde luego, sobrevivirlo: aquí, en estas prometedoras tierras de desierto, el verano tiene cada vez más potencial de creación diabólica. Sin embargo, aún le mantemos -y que dure- querencia se estanción propicia: le hacemos libaciones -de gintonics y mojitos-, nos acercamos a meditar al borde de las corrientes de agua, pedimos deseos a las estrellas. Todo muy normal, de tradición clásica, todo muy de hace miles de años.

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