Ven y cuéntalo

Son imágenes, efectivamente, que nos golpean. Gestos, salivazos, gritos. La parafernalia del odio

Se hicieron muchas bromas con un lema que, en sí mismo, era un acierto. El País Vasco es un lugar maravilloso. Cuando algo reúne tal cantidad de hermosuras, lo mejor es que cada uno lo cuente por sí mismo. Claro que en tiempos de confusión es difícil distinguir las voces de los ecos, como decía el poeta. Ocurre cuando menosprecian a Andalucía desde otras geografías. Yo, indefectiblemente, miro a mi alrededor y pregunto al aire: ¿Y eso quién lo ha hecho? "Esto" es lo que me rodea pero la imaginación vuela a otros escenarios donde sólo hay trabajo y más trabajo. Entonces me encojo de hombros y recuerdo las palabras del Hijo del Hombre, que altero sólo un poco: Perdónalos, Señor, porque no saben lo que dicen.

Ahora están candentes los primeros planos de odio de Rentería, a donde han ido los de Ciudadanos a exponer su programa político y pedir el voto. En menos de un minuto nos han contado, otra vez, el peor relato del País Vasco. Las cámaras. Son imágenes, efectivamente, que nos golpean. Gestos, salivazos, gritos. La parafernalia del odio. ¿A quién dan la razón, a los centenares de miles de personas pacíficas, trabajadoras y democráticas que viven en ese territorio privilegiado por la naturaleza y construido por sus habitantes o a los que se empecinan en afirmar que no debemos olvidar que es un lugar irredento que se prepara para un nuevo asalto con una nueva ETA más mortífera? ¿Queda Rentería extramuros de la civilización, del espacio compartido, de la ciudadanía libre de un Estado social y democrático de derecho? Según quiénes, pueden o no pueden entrar en el territorio comanche en que han convertido ciudades y pueblos de España en Cataluña y Euskadi. Ven y cuéntalo si no es verdad. Que es lo que se ha estado haciendo durante el día de ayer, disparando al nacionalismo excluyente y aislacionista con la munición de esas imágenes más que expresivas. Los desatinos se acumulan unos sobre otros, una vez más en nuestra España, que ya dijo Gil de Biedma que, de todas las historias de la historia, era la más triste. Porque acaba mal. En paralelo miles de calles y plazas se llenan de hábitos penitenciales y pasos llevados por costaleros y cargadores con las imágenes de Jesús y María. Es como un río caudaloso de vida sentida, tradición y paz junto a estos picos de la fiebre que nos ha consumido en otros episodios de nuestro ayer. Lo peor es que ya está hecho y que, quién sabe dónde, se volverá a lo mismo. Para que haya más de un cuento de la misma pesadilla.

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