DIARIO DE CÁDIZ En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Corren malos tiempos para la calma, no digamos ya para la lírica. En este mundo acelerado, donde un clic lo domina todo, la inmediatez se paga a precio de oro mientras la pausa y la reflexión no cotizan y apenas se sostienen entre prisas y empujones. El hombre, desde siempre, ha perseguido la velocidad. Su evolución ha ido pareja a los avances tecnológicos que han ido facilitando la vida pero que también la han acelerado. Aquel ya arcaico y entonces veloz telegrama es hoy casi pieza de museo al lado del complejo entramado de mensajes instantáneos que recibimos cada día; o al lado de esa virtual nube de capacidad infinita en la que ahora guardamos tantos recuerdos, fotos y cartas, que ya no envejecerán con polvo en una caja de latón. La velocidad se impone, incluso en un coche por encima de lo razonablemente aceptable, y se olvida que en exceso mata cuando se pierden el sosiego y el control.

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