MUCHAS cosas diferencian a José Luis y Mariano: la oratoria, las ideas, el periódico que compran o los calcetines que usan. Pero existe también un factor geográfico aparentemente ajeno a cualquier explicación lógica. Uno visita Andalucía de cuando en cuando, según las pautas razonables de todo residente en Madrid; el otro está abonado a la región. ¿Por qué Rajoy viene tanto y Zapatero tan poco? ¿Por qué tendremos a uno hasta en la sopa y al otro con cuentagotas? La respuesta es hoy, dentro del misterio, más obvia que nunca: el PP ve factible ganar en todas las capitales de provincia y el PSOE sabe que para evitarlo es mejor esconder al impopular ZP de la crisis y los recortes. Que José Luis aparezca poco, por proscrito o por pasota, es normal; que Mariano pise esta tierra más que la suya, no tanto, sobre todo porque no deja huella. Al menos física; la huella fotográfica ya es otra historia: le hemos visto, casi siempre con Arenas, disfrazado de casi todo (conservero, científico, capataz). Igual es sólo que Andalucía, como antónimo de Galicia, despierta su desparpajo y anula su retranca .

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