Si se repasan los ritmos de vacunación contra el Covid por países, hay datos que llaman mucho la atención. Israel, Chile, Reino Unido, Estados Unidos, Serbia o Hungría están muy por encima de nosotros. Pero más raro resulta saber que naciones como Marruecos, Maldivas, Barbados y Turquía también estén vacunando a un ritmo mucho más rápido que el nuestro. Y eso también ocurre en países como Estonia, Islandia o Finlandia. ¿Qué está pasando aquí? Todos sabemos que el proceso de distribución de las vacunas es lento y complicado y que la logística es enrevesada. De acuerdo, pero ¿cómo es posible que países mucho más atrasados que el nuestro, como Marruecos o Turquía o Serbia, vayan muy por delante? Marruecos tiene un índice de vacunación completa del 6,57% de la población, y Turquía de un 5,98%. En cambio, nosotros nos mantenemos en un raquítico 4,46% de la población con la vacuna completa. Parece muy poca cosa.

Y que conste que la pregunta no sólo nos afecta a nosotros como país, sino a los países más importantes de la Unión Europea: ¿por qué Alemania, Francia, Italia y Portugal están vacunando a sus ciudadanos a un ritmo tan lento? Misterio absoluto. Y de momento, lo único que sabemos es que la Unión Europea -como organismo de gestión durante una emergencia sanitaria- ha demostrado una ineficacia pasmosa.

Si países como Turquía o Israel o Marruecos nos han superado de forma tan humillante, alguien debería salir a dar una explicación. La señora Von der Leyen, por ejemplo, que además de presidenta de la Comisión Europea es médica de profesión.

Pero nadie ha dicho nada ni ha dado explicaciones ni ha salido a dar la cara. Mutismo absoluto. No sabemos ni quién gestionó la compra de vacunas ni cómo se organizó ni qué instrucciones se dieron. ¿Nos engañaron? ¿Nos equivocamos? ¿No supimos negociar? ¿Fracasó nuestra engorrosa burocracia? Imposible saberlo. Nadie ha convocado una triste rueda de prensa ni ha emitido un comunicado. Y seguimos sin saber nada de nada. Fastuoso.

En momentos de desafección generalizada hacia la política, cuando más y más ciudadanos angustiados por la pandemia y por la crisis económica sienten una repulsa incontrolable hacia las instituciones de gobierno, resulta temerario que la Unión Europea se niegue a explicarnos lo que ha pasado. Pero así estamos. Y así seguiremos. Portentoso.

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