El Palillero

José Joaquín / león

Utilidad de Ciudadanos

CATALUÑA ha entrado en una fase aún más imprevisible y peligrosa, tras el fracaso de Artur Mas y el envalentonamiento de la CUP. No se sabe lo que puede pasar en los próximos meses. Pero se sabe que no lo puede afrontar un Gobierno de España débil y en minoría, como sería el de Rajoy en solitario. Menos aún lo podría afrontar Pedro Sánchez aliado con Podemos y los independentistas. Por el contrario, a España sólo le caben ya dos opciones. La primera (y más deseable) sería un acuerdo sincero y coherente entre PP, PSOE y Ciudadanos para pactar unas medidas mínimas de consenso, entre las que podrían incluir una reforma razonable de la Constitución. La segunda es convocar nuevas elecciones, asumiendo el fracaso de que el 73,20% de los españoles votaron para perder el tiempo.

En este escenario confuso es determinante el papel de que debería jugar Ciudadanos. Si aún se considera el representante legal de la UCD del siglo XXI, Albert Rivera debería fijarse mejor en Adolfo Suárez, que hizo justamente lo contrario de lo que se le oye a él. Suárez dirigió la Transición y Rivera se está escondiendo. Su realidad es dura: el 20 de diciembre Ciudadanos fracasó y su líder más todavía, al obtener entre 20 y 30 escaños menos de lo que auguraban las encuestas antes de comenzar la campaña, pues casi todas le daban de 60 para arriba, superando a Podemos, y algunas le situaban incluso por delante del PSOE.

Por supuesto, quien debe mover ficha ahora es Rajoy. Pero Rivera no se puede limitar a lavarse las manos como Pilato. Si quiere que se le vea alguna utilidad al voto de Ciudadanos lo que debe hacer es implicarse, para facilitar un acuerdo con PP y PSOE. Sólo lo puede arbitrar él, teniendo en cuenta que en Madrid ha apoyado a la popular Cristina Cifuentes y en Andalucía a la socialista Susana Díaz. Se debe mojar, intervenir y defender un Gobierno de los tres, que contaría con 253 diputados.

Si no se implica y no lo consigue, condenará a un fracaso todavía mayor a su propio partido. Porque llevaría a elecciones sí o sí, en las que el voto de Ciudadanos perdería la connotación guay para pasar a ser perfectamente inútil. En tal caso, el futuro de Albert Rivera sería bastante parecido al de Rosa Díez. Ciudadanos se puede quedar con menos de la mitad de sus 40 escaños de ahora.

Eso no le conviene a Albert Rivera, pero tampoco le interesa al PSOE de Susana Díaz, ni siquiera al PP. No obstante, estamos en España, donde el suicidio político es lo más normal.

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