El Palillero

Turistas sin Fronteras

En España sigue sin haber medios suficientes para detectar a tiempo una oleada de casos importados

Después de tres meses sin ver el mar, los sevillanos querían ir a Chipiona o Matalascañas, y los cordobeses a Fuengirola, y los jiennenses a Almuñécar o Roquetas. En fin, viajar un poco, además de las familias separadas y otras circunstancias. Se ha descubierto que Andalucía está más integrada de lo que parecía. Sin embargo, nadie esperaba que en Bruselas pidieran a los países europeos que abran las fronteras comunes desde el 15 de junio; o sea, a partir de mañana. Y aún menos que las van a abrir en Francia (pero no con España), Alemania, Bélgica, Italia, Grecia y otros países. Por el contrario, en España algunos alemanes llegarán ya mañana a las islas de Baleares, pero seguimos en la desescalada, y con la calculadora de Fernando Simón que se le ha quedado estropeada, y no cuenta los muertos.

Recuerden que cuando la ministra Reyes Maroto habló de abrir las fronteras con Portugal y Francia el 22 de junio, la desautorizaron tres horas después. El mando único de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, reencarnado en el ministro Salvador Illa, dijo que no abrirían nada externo antes del 1 de julio. También se habló del Paso del Estrecho, y una parlamentaria de Adelante Andalucía dijo que Juanma Moreno era un "racista" (¡glub!, ¡qué fuerte!); y Marruecos sigue cerrado, aunque se rumorea que empezará el 15 de julio y excluirá a Ceuta y Melilla.

Así hemos llegado a la mitad de junio, el momento de Turistas sin Fronteras. Unos están deseando viajar y otros se quedan aterrorizados. En las comunidades uniprovinciales de Cantabria y Asturias pedían que llegaran los vascos. Pero como se ha visto que Urkullu tenía prisa por sus elecciones, y que han sufrido nuevos brotes de coronavirus en hospitales vascos (con algunos muertos), hasta Miguel Ángel Revilla ha pedido que dejen las fronteras regionales cerradas. Eso puede ser un anticipo de lo que nos espera desde el próximo domingo, día 21, cuando abran la puerta en Madrid.

Estamos en un ser o no ser, que diría Shakespeare. En Bruselas no entienden bien al Gobierno de Pedro y Pablo, por lo que ignoran la magnitud del fenómeno. Aquí sigue sin haber medios suficientes para detectar a tiempo una oleada de casos importados. Los aeropuertos son un coladero, aunque van a empezar a medir la temperatura. No obstante, faltan controles más verídicos.

Recibiremos al turista de rodillas: que Dios nos coja confesados. La única medida que funcionó era encerrar a la gente. Ahora, cuando por fin se está abriendo, se percibe un cierto repelús.

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