Cuchillo sin filo

francisco Correal

Trogloditas

EL fútbol es una buena metáfora del paso del tiempo. El mismo rival, el Granada. El mismo marcador, 4-0. El Barcelona-Granada del 28 de octubre de 1974 pasó a la historia por ser el partido del debut en el fútbol español de Johan Cruyff, que es padre de un hijo llamado Jordi y 18 años después de aquella puesta de largo consiguió desde el banquillo, en Wembley, la primera Copa de Europa para las vitrinas blaugranas. El Barcelona-Granada del 9 de enero de 2016 no pasará a la historia por el hat trick de Leo Messi, uno más, sino por la renuncia de Artur Mas a su nominación para presidir la Generalitat. Lo escenificó en una comparecencia en la que emuló al mejor Manolo Morán de Bienvenido, mr. Marshall. También en esta ocasión hay un alcalde. En la película de Berlanga era Pepe Isbert, regidor de Villar del Río, y en esta ocasión el alcalde era el de Gerona, Carles Puigdemont Casamajò, un epifenómeno salido de los episodios de Galdós trufados con Azorín y Unamuno en un pastiche de la generación del 98, convencido de que Cataluña es después de Cuba y Filipinas la última colonia española liberada del yugo de la metrópoli.

A los tiempos del ciclo del cambio, palabra fetiche de la Transición, hemos pasado al cambio de ciclo. Un movimiento universal (cambio climático, crisis de los refugiados, esplendor y caída de las economías emergentes) con epígonos nacionales, regionales y parroquiales. Lo primero que se globaliza es la tontería. Loquillo, lúcido donde los haya, se fue de Barcelona a San Sebastián, pero se olvidó en casa a los Trogloditas.

Volviendo a la metáfora, Albert Boadella siempre consideró al Barcelona el quintacolumnismo del separatismo. Siendo la afición al Barça tan española como la Guardia Civil o el Pegamento Imedio. Ahí les dolería esta aventura secesionista. Duelos regionales contra el Llagostera o el Palamós, equipo ampurdanés fundamental en la épica del Betis y que aparece en El cuaderno gris de Josep Pla. Si la CUP es la nueva muleta de esta vuelta de tuerca, ahí tienen un laboratorio para su avenate anticapitalista. Un grupo de almogávares, la analogía es de Boadella, vestidos de corto y usados como estandarte de este viaje a ninguna parte. Unos protohéroes que perciben unos honorarios multimillonarios en una tierra donde honorarios y honorables encuentran su acomodo etimológico.

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