Toda reforma tiene su contrarreforma. Los postulados ecologistas han dejado de ser algo propio de perturbados "andrajosos" de corte estalinista -el famoso "ecologista sandía"- para pasar a ser una corriente razonable, mayoritaria. El reaccionariado no podía permitir semejante vindicación y, rápidamente, ha pasado a comprar el discurso de que el ecologismo no es social, sino propio de hipsters, peluchistas y gente desubicada de la realidad (calco social de los viejos jipis, vaya). Cuando, realmente, la asunción ecológica o es social, o no es ecológica. Y así, vemos boutades que terminan silbando. Ejemplo, Madrid central no se ha tumbado: se ha recuperado con matices. Incluso desde la Junta murmuran ahora que nunca (nonono) se les ocurriría perjudicar el espacio de Doñana (en fin: defina espacio). Lo mismo han visto que la declaración de Parque Natural es de 1969 y el agravio comparativo resulte lamentable hasta para ellos.

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