Hay una España de dos velocidades. Una próspera, que se queja tenazmente, cuyos diputados hispanoescépticos pelean sus demandas en el Congreso y venden muy caros sus votos. Y otra retrasada, que por lo general no protesta y cuyos representantes andan más preocupados por el mundo mundial que afligidos por las penurias de sus electores. El 1 de enero, los 160 pasajeros de un tren de Badajoz tardaron más de 10 horas en llegar a Madrid; se quedaron tirados en medio del campo durante horas en plena noche, sin luz ni calefacción. Las vías extremeñas son del siglo XIX y están sin electrificar. Y trenes como el averiado están en su tercera edad: ese modelo 598 de Renfe está descatalogado, ni siquiera figura en la página web de su fabricante, la española CAF.

Inmediatamente han salido ejemplos de infraestructuras deficientes, que conviven con una inversión cuantiosa en alta velocidad. No en balde tuvimos dos presidentes, Aznar y Zapatero, que en la época del milagro por el que nos creímos ricos o en la que jugábamos la Champions de la economía mundial repitieron que querían unir por AVE todas las capitales del país. La España desarrollada exigió un corredor mediterráneo para multiplicar el volumen y la rapidez de sus mercancías hacia Europa. En ese trayecto se han invertido unos 14.000 millones de euros en distintos tramos desde la frontera francesa hasta la provincia de Almería.

Pero no está resuelto cómo llegar hasta Algeciras, primer puerto de España, que está en la ruta global de los grandes portacontenedores. Nadie sabe ni cuándo ni cómo se uniría. Por la costa, sería un túnel carísimo. Y por el interior, el desnivel y la orografía de Almería a Granada o entre Antequera y Algeciras hacen imposible un trazado convencional de alta velocidad. Pero el ministro socialista Blanco lo dejó pintado en 2011 cuando abandonó Fomento. Y la popular Ana Pastor sólo se gastó cuatro cuartos en algún proyecto, sin ejecución alguna.

El corredor es una inversión necesaria en un país que transporta por ferrocarril sólo el 4% de sus mercancías, cinco veces menos que la media europea. Pero es también una oportunidad estratégica que da ventajas a unos contra otros. Resulta curioso que la única conexión por ferrocarril del primer puerto de España sea una línea de 1892, de Algeciras hacia Antequera, sin electrificar y con una sola vía. Mientras, puertos competidores del levante español tendrán alta velocidad hasta Francia décadas antes. Esta es la moraleja de la odisea de los 160 pasajeros de Badajoz a Madrid el día 1. El que no se queja, tiene un tren de segunda.

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