la esquina del gordo

Paco / Carrillo /

Total, ¿para qué?

A pesar de que en mi artículo anterior anunciaba que diría algo sobre el último pacto en La Isla -por ella, mato, que diría la Esteban-, lo he pensado mejor y desisto; total, para qué. Ya está archicomprobado que los políticos forman una casta aparte y que su parecido con la sociedad civil es mera coincidencia. Harto, pues, de lugares comunes y frases hechas, este escribidor tira la toalla; es decir, salvando las distancias, lo que dijo Unamuno en trance no tan dramático: "Que inventen ellos".

Hasta donde ha sido posible, La esquina del gordo ha intentado darle sentido a los sinsentidos de ese otro mundo -el de la política- que tan poco tiene que ver con el de la gente normal. Absurda pretensión dado el cariz que definitivamente ha tomado esto de promocionarse sin más méritos que ir en unas listas hechas por amiguetes. La última, como colofón de despedida del patético Zapatero, la colocación de esa distinguida analfabeta, doña Aído -¿qué habrá detrás de esa ascensión imparable?-, que ya está en la ONU-Mujer, pagando su peaje con dinero público. Más acá está Bildu, el Tribunal Constitucional, los 15-M y la madre que los parió a todos. Y el debate del Estado de la Nación, esa cosa discutida y discutible que ya está en sus últimos estertores. No merece la pena perder el tiempo cuando los directamente beneficiados no son los ciudadanos sino la troupe que vive de poner el cazo. ¡Ya está bien!

¿De qué toca escribir, pues? De pájaros y flores. No sea usted mal pensado. Cuando digo pájaros no me estoy refiriendo a los que usted conoce. En el fondo todos formamos parte de esa fauna alada aunque cada uno formemos en especies distintas, que las hay, no lo dude; piense si no en las exóticas, en las canoras armoniosas, en las de rapiña… ¿Ve como hablando de pájaros puede uno referirse ampliamente a casi todo?

Y las flores. Lo mismo. A pesar de que sean las de invernadero y las silvestres las que predominen. El problema empieza cuando las primeras se creen que tienen derecho a todo y las segundas, siendo jaramagos, quieren sobrepasar su áspera condición y aspirar a que las incluyan en los ramos de novia.

A partir de ahora bien podría resucitar los viejos ecos de sociedad. No iguales a aquéllos que empezaban con un título sugerente, por ejemplo: Escalera: "En infortunado accidente, se cayó por la escalera la encantadora señorita Dori de Alba, hija de nuestros estimados amigos los señores de Alba Sierra. Abogamos por su rápido restablecimiento". O esta otra: Viajeros. "Han regresado de Madrid nuestros queridos convecinos, señores de Pérez-Vázquez, desplazados a la capital para asistir al bautizo de su primer nieto. El neófito recibió las aguas bautismales en San Francisco el Grande. Nuestra más cordial enhorabuena". Evidentemente aquéllos ecos, no. Pero, bueno, siempre habrá cosas curiosas que comentar al margen de la política. No debiéramos olvidar que después de ella sigue habiendo vida. Nos vendrá bien contemplar otros paisajes. Llevaremos nuestra cruz, pero por dentro. Por mucho que se píe nadie va a venir a solucionarnos nada. Estar refiriéndose siempre a que los de la casta son malos es tanto como ir pregonando siempre que padecimos el sarampión o las paperas.

Ya veremos qué sale de estas columnas. No sé si podré vencer la tentación de seguir poniendo en solfa las aberraciones que vea (cuyo peaje pago), pero a falta de entusiasmos sólo cabe el tararí. Con el tararí vamos a quedarnos. Ojalá sirva para ir retratando al pueblo llano, ése cada vez más olvidado, que permanece siempre en la penumbra y que sufre en silencio las embestidas de sus representantes. Para qué más.

Faltan, naturalmente, explicaciones aunque no sirvan para contentar a nadie.

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