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Temporada de gotas frías

En principio, no se debería inundar un pueblo cuando caen 100 litros por metro cuadrado en 24 horas

Utilizar las catástrofes naturales, los accidentes y otras desgracias fortuitas para el debate político es de mal gusto. Igualmente es pintoresca la importancia que se da a la presencia de políticos en las zonas afectadas por siniestros. Ayer el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y varios ministros estuvieron en acción, con visitas en helicóptero por las provincias de Alicante y Murcia. La ministra de Defensa, Margarita Robles, acudió a Torrejón para inspeccionar la coordinación de los militares de la UME. Por la tarde el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, visitó zonas malagueñas afectadas. Es bonito, de cara a la galería fotográfica, y sintomático de que habrá elecciones en noviembre. Pero resulta más práctico que el Consejo de Ministros agilice las ayudas en cuanto sea posible.

Este fin de semana las inundaciones más graves han sido las de Alicante y Murcia, por el desbordamiento del río Segura, tras las fuertes lluvias. Y tras el desembalse de la presa de Santomera, que se llenó. Ese flujo masivo de agua ha devastado poblaciones como Orihuela y Almoradí. Y asimismo hubo inundaciones en Andalucía, sobre todo en las provincias de Almería, Granada, y especialmente Málaga.

Entre los efectos del temporal aparecen muchas preguntas, la mayoría técnicas, que deberían ser aclaradas por los expertos. A estos fenómenos se les conoce en España como DANA o gota fría. Según parece, en Alicante y Murcia ha sido la más grave del último siglo y medio. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, la ha proclamado como la mayor gota fría de la historia. Supongo que sin contar las inundaciones del Arca de Noé. Sin embargo, gotas frías, de mayor o menor repercusión, las sufren en el Levante español casi todos los años en septiembre o en octubre. Se sabe y es previsible. Igual que en determinadas zonas de Asia aguardan las temporadas de tifones y están preparados.

Inundaciones hemos tenido muchas a lo largo de la historia. En Andalucía podríamos recordar un amplio surtido. Algunas históricas, como la de Sevilla, que dio lugar al desvío del río Guadalquivir con la corta de la Cartuja. Ahora no se desborda ese río como antes. En Málaga también se ha desbordado en ocasiones el río Guadalhorce. Y en Chiclana el río Iro. Y hay más casos.

Cuando se sosieguen las aguas, hay que analizar la realidad de cada municipio. En principio, no se debería inundar un pueblo cuando caen 100 litros por metro cuadrado en 24 horas. Hay formas de evitarlo.

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