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rafael / sánchez Saus

Susana I

LO que está pasando entre ayer y hoy en el tan acertadamente llamado Hospital de las Cinco Llagas refuerza el carácter puramente regimentario al que hace tiempo derivó la autonomía andaluza. La coronación de Susana Díaz como presidenta de la Junta en cumplimiento de las previsiones sucesorias responde a una lógica política degradada que ha convertido a los aparatos partitocráticos, sin pudor ni temor, en los únicos órganos decisorios de esta democracia que ya sólo lo parece porque se mantienen vivos reglamentos y formalidades que no comprometen demasiado.

Resulta paradójico que muchos que dicen repudiar la monarquía por no estar sometida la sucesión dinástica a más plebiscito que el de la Historia y sus caprichos, aplaudan sin rebozo esta representación de la Farsa y licencia de la reina castiza con la que el PSOE obsequia y humilla a Andalucía. Un ya de por sí fracasado apparátchik en situación política terminal se permite el lujo de designar nada menos que como presidenta de Andalucía, sin escándalo, a alguien cuya ausencia de cualquier mérito objetivo y exhibible le convierte a él, comparativamente, en prócer ilustre al que pronto incluso echaremos de menos. Y como no hay político que ose promover a nadie que lo mejore en algo, no sea que se note, podemos imaginar la corte que rodeara a Susana I. Es la hora de las oligarquías de barriada por pura desafección de toda aristocracia.

Lo único esperanzador, para cualquiera que conozca un poco el alma andaluza, es el estrepitoso silencio, la aplastante indiferencia del pueblo ante la burla socialista y ante las alharacas del PP afectando indignación. Otros pueblos, resultado de otras historias y otras éticas, pitarían el espectáculo, abuchearían a sus protagonistas, tal vez invadirían el ruedo. ¿Para qué, se pregunta el andaluz? En el fondo lo deseable es esta desvergüenza que nos reafirma en nuestro fatalismo, en esa desconfianza sin límites hacia todos los que mandan, sean quienes sean. Ese silencio, esa indiferencia gritan que, a pesar de las ilusiones rotas, de la mediocridad sin fisuras, la vida de todos sigue su curso apenas alterable, que los griñanes y susanas son pura anécdota, verduras de las eras, como todo lo que venga después y siempre. Como te ves, me vi; como me ves, te verás. Así rezaba un extendido epitafio de otra época, buen resumen de esta coronación y de todas.

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