Es algo serio ver al Partido Socialista Obrero Español en el País Vasco comprometiéndose con los señores nacionalistas a repensarse lo de la nación y la autodeterminación. Para compensar, el título del acuerdo es un jocoso homenaje a la verborrea política, casi una parodia, que agradecemos: "Pilares para construir una Euskadi con más y menor empleo, más equilibrio social, más convivencia y más y mejor autogobierno". Me pregunto por qué el equilibrio social y la convivencia no pueden ser "mejores" y tienen que conformarse con ser apenas "más", a diferencia del empleo y el autogobierno.

Puede discutirse si este movimiento del Partido Socialista en su versión vasca contribuirá a moderar el nacionalismo o implica rendirse a él. Veo más lo segundo, pero estoy dispuesto a y deseando que me convenzan de lo primero con buenos argumentos y, sobre todo, con actuaciones. Una segunda cuestión estriba en calibrar el peso que ha tenido la necesidad de tocar poder (tres consejerías) en la decisión regional-socialista. Esa porción de poder fortalecerá, sin duda, a Idoia Mendía, tanto sobre el terreno como en sus relaciones con la gestora.

Lo que nos aboca a otro análisis: el de calibrar hasta qué punto esa decisión del PSE resquebraja la unidad del PSOE o se mantiene dentro de los límites de la autonomía de una federación. Igual que hay socialistas y sociólogos, hay socialistólogos que ya nos contarán qué se cuece por dentro de Ferraz.

Entre este mar de interrogantes, una certeza se destaca. La hipotética candidatura de Susana Díaz a liderar el PSOE va para largo. Susana tiene un rato, un rato grande que esperar para su asalto a Madrid. Independientemente de los daños colaterales que produjo en su prestigio la operación contra Pedro Sánchez, estos movimientos de adecuación al paisaje nacionalista que estamos viendo en Cataluña, en el País Vasco y en Baleares, más los acuerdos con Podemos, corroen la base del discurso españolista y antipopulista de la líder andaluza. Le corroen el discurso en lo mejor que ese discurso tiene, encima. Lo que la debilita más que si fuese un ataque frontal a su gestión, que es su punto flaco y, por tanto, donde ella no se apoya. A Susana los hechos le están poniendo muy difícil los sueños. El PSOE requiere un líder proteico, esto es, de plastilina, capaz de adoptar una postura y su contraria según sople el viento o se halle en el sur o en el norte.

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