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En menos de un mes los cuarenta y cuatro mil militantes del PSOE de Andalucía -la federación más numerosa- votarán a su candidato a las elecciones autonómicas. Decidirán entre la actual secretaria regional, Susana Díaz, y el alcalde de Sevilla, Juan Espadas. Los otros dos candidatos, el profesor sevillano y el excéntrico granadino, harán de comparsas. Si ninguno de los dos favoritos supera el 50% de los votos habrá una segunda vuelta el 20 de junio.

Es curioso: Susana se presenta como la candidata de los militantes de base, cuando ha sido siempre una vocacional del aparato del partido, mientras que su oponente Espadas, que apenas ha tenido vida orgánica, es claramente el candidato del aparato de Ferraz, designado por Pedro Sánchez para ejecutar la liquidación política de la anterior presidenta de la Junta.

Si Sánchez es rencoroso y no olvida a sus enemigos fraternales que llegaron a apearlo de la secretaría general, Susana se toma esta contienda como una segunda vuelta de las primarias en las que Pedro la derrotó (recuerden: ¡menuda hostia!). En los últimos días no sólo ha manifestado que Espadas ha sido colocado como candidato desde un despacho de Madrid, sino que ha rescatado sus antiguos planteamientos de alternativa al sanchismo, ha adoptado el argumento de la oposición a Sánchez de que las primarias andaluzas se han precipitado para desviar la atención del estrepitoso fracaso de Madrid, se ha mostrado contraria al establecimiento de peajes en autovías y autopistas, ha valorado que ella no es de los que si pierden unas elecciones se marchan a otro cargo en vez de dar el callo en la oposición y ha insinuado que en el PSOE federal falta autocrítica.

El significado político de esta batalla por el control del PSOE de Andalucía es enorme. Si gana Espadas querrá decir que Pedro Sánchez sigue contando con la confianza de las bases socialistas, haga lo que haga, pacte con quien pacte y dé los vaivenes que dé. Si gana Díaz significará que la veleta ha girado, que lo de Murcia y lo de Madrid suponen el principio del fin del sanchismo. De alguna manera las primarias andaluzas están llamadas a ser un referéndum en la federación más relevante del PSOE sobre el liderazgo de Sánchez, el rumbo del socialismo en los años veinte del siglo XXI y el desempeño de un novedoso Gobierno de coalición con la izquierda radical postcomunista en España.

Es mucho lo que hay en juego.

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