Crónica personal

Pilar / cernuda /

Susana Díaz

ESTÁ legitimada como el que más aunque no la hayan votado los andaluces para ser su presidenta, el sistema parlamentario permite esas fórmulas de sucesión que ya se han aplicado en otros gobiernos regionales y ayuntamientos. Nadie puede cuestionar la elección de Susana Díaz, aunque algunos se empeñen en hacerlo. Es presidenta porque Griñán ha querido que lo sea, pero ha logrado el apoyo mayoritario del Parlamento andaluz. Nada que objetar.

Con Susana Díaz se abre paso una nueva generación de socialistas que en la mayoría de los casos no tienen más experiencia vital que la que han desarrollado en el partido, como es el caso de Díaz. Ya es más objetable, sería bueno que los que llegan a cargos de responsabilidad hayan conocido los sinsabores de ejercer una profesión con la que ganarse el sustento, en lugar de escalar puestos dentro de una organización política, donde no siempre promocionan los mejores sino los más serviles. El ejemplo de Zapatero fue letal para los que se apuntan a esa fórmula de apostar por el que sólo sabe de partidismo, pero Susana Díaz merece al menos un voto de confianza al iniciar su andadura como presidenta.

En su discurso de investidura cometió algunos errores de bulto, como dedicar tanto tiempo a promover la lucha contra la corrupción, porque abundó en la imagen de una Andalucía cuestionada por su alto nivel de corrupción, y a nadie se le escapa que es una Andalucía gestionada desde siempre por los socialistas. Otro error fue recordar que el índice de pobreza es de los más altos de España, pues si hay responsables de esa miseria es el socialismo, que ha gobernado la región desde el inicio de su autonomía. Pero la nueva presidenta llega con ánimo, con ganas de meter mano a los muchos dislates cometidos y con ganas también de demostrar que independientemente de ser la mujer elegida por Griñán es capaz de tomar las medidas que los andaluces necesitan para convertirse en una región puntera, que es lo que merece ser.

Tiene a su favor un PP desarbolado y sin candidato a la presidencia del gobierno regional, y al lado a una Izquierda Unida que permite a Susana Díaz gobernar a pesar de que el PSOE no ganó las elecciones. Una IU que crece a costa precisamente de un PSOE en decadencia, aunque Valderas aguantará carros y carretas para mantener el pacto de gobierno, nadie piensa que tenga la tentación de dejar su despacho oficial.

Díaz tiene flancos débiles, pero el PP tendrá que espabilar si quiere ganar al PSOE en las siguientes elecciones.

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