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Hace meses hablábamos de las elecciones europeas, municipales y autonómicas como el superdomingo de mayo. Era la traslación del supermartes estadounidense, en el que coinciden caucus o primarias presidenciales en muchos estados americanos. Suelen ser en febrero o marzo y en ocasiones han decidido al candidato demócrata o republicano; a Clinton en el 92 o W. Bush en el 2000. Nuestro superdomingo quedó devaluado por las elecciones generales un mes antes. Son las que más interés suscitan, lo que rebaja la categoría de las demás. Las del domingo invitan a la repesca, a corregir, incluso a repartir el voto. O no, ya veremos.

En todo caso, las encuestas son compasivas con casi todos: PSOE y Cs suben ligeramente respecto al 28-A, el PP avanza a costa de Vox y Podemos recobra votos de antiguas confluencias. Los primeros son socialistas y populares, con independencia de sus candidatos, muy acertado el socialista y muy desubicada la popular. Dolors Montserrat encabeza la lista de fallos de designación del dúo Casado&Egea, con Juan Jesús Cortés, Díaz Ayuso y Suárez Illana. Cada vez que interviene la ex ministra en un debate parece presa de la ansiedad y farfulla que eso de lo que se habla lo hace bien el PPE, como grupo mayoritario, o que lo llevaba estupendamente Rajoy.

Borrell, por el contrario, se sabe la asignatura. Habla de terminar la arquitectura del euro, de un fondo de garantía de depósitos europeo, de un presupuesto para la zona euro, de armonización fiscal, salario mínimo y seguro de paro comunes... En algunas cosas coincide con Garicano de Cs, como en fiscalidad y prestación por desempleo. Los populistas de Podemos hacen énfasis en la desigualdad creciente en la UE. En la zona euro la distancia entre el PIB per cápita más alto y el más bajo se ha casi duplicado en los últimos treinta años.

Los ultranacionalistas de Vox pregonan que Europa nos roba soberanía y defienden una UE de naciones libres para decidir sobre inmigración, fiscalidad o cambio climático, como Le Pen o Salvini. Pero al mismo tiempo reclaman mantener las ayudas de la PAC. Incoherente: la UE no es una congregación de hermanitas de la caridad, sino un club de intereses. Se comparten valores, soberanía y solidaridad, se coopera y se consiguen beneficios. No vale el 'yo me lo guiso y yo me lo como', pero soy muy federal en subsidios agrícolas. El candidato de Vox sostiene campanudo que va al Parlamento europeo a defender intereses nacionales. Ha descubierto la pólvora: cuando a finales de los 90 se reformó el sistema de ayudas al aceite de oliva, tan importante para Andalucía, todo el arco político español votó lo mismo.

Aun devaluado, tiene enjundia el superdomingo. También las municipales, en las que las personas se imponen a las marcas.

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