Con la venia

Fernando Santiago

fdosantiago@prensacadiz.org

Sufrimiento en La Hamada

El postureo en las redes sociales es muy bonito pero son ellos los que malviven en lo peor del desierto

Vamos a decir primero todo lo que ha sido dicho ya por muchos otros y con lo que estoy de acuerdo sobre la carta enviada por Pedro Sánchez a Mohamed VI: las formas han sido las peores, que nos enteremos por la Casa Real marroquí del cambio de postura del Gobierno con respecto a la política mantenida a lo largo de 47 años, sin haberlo debatido en el Consejo de Ministros ni en el Parlamento es inaceptable. En democracia las formas son el fondo y aquí Pedro Sánchez pecó de arrogancia. En segundo lugar, lo más importante siempre es que cualquier solución se haga al amparo de la legalidad internacional y cuente con el apoyo de los propios saharauis en un referéndum. En tercer lugar, tiene todos los visos de una cesión por parte del Gobierno ante Marruecos para garantizarse el control de la emigración ilegal, la tranquilidad en Ceuta y Melilla y el control de las aguas territoriales de Canarias. Son asuntos vitales, por supuesto, pero no deberían haberse conseguido a través de una cesión, sin contar que al no haber ningún tratado es probable que Marruecos cambie de opinión pasado el tiempo. Dicho todo lo anterior, no creo que debamos condenar al pueblo saharaui a estar otros 50 años en la Hamada, lo peor del desierto, en condiciones precarias generación tras generación. Desde el confort que nos proporciona el capitalismo europeo en nuestras vidas podemos vociferar contra el Gobierno, contra Pedro Sánchez, contra Mohamed VI y a favor de la noble causa saharaui, para luego ir a casa a ver la última serie de Netflix, leer gratis unos cuantos periódicos por internet, pedir un Uber, encargar algo a Amazon, acercarnos al súper y llamar luego al Telepizza. Lavamos nuestras conciencias de pequeñoburgueses consumidores que viven bien diciendo en las redes sociales palabras altisonantes a favor del pueblo saharaui, contra el Gobierno y lo que haga falta. Eso sí, ellos viven en tiendas de campaña a 50 grados de temperatura, subsisten gracias al Programa Mundial de Alimentos y consumen agua corrompida. De vez en cuando llega allí alguna delegación de concejalitos de cualquier pueblo para expresarles su solidaridad, se hacen fotos en el aeropuerto, delante de una jaima o ante la bandera del Polisario, para volver a la buena vida que proporciona el capitalismo. Comprendo que no es agradable vivir bajo la bota de la policía marroquí, pero peor aún es vivir en la Hamada año tras año sin ninguna perspectiva de futuro. El postureo en las redes es muy bonito, nos sentimos bien de lo solidarios que somos, pero son ellos los que malviven en lo peor del desierto. Como resumen podemos usar la famosa frase de Lord Parlmeston, España no tiene amigos, tiene intereses.

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