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Será un día soleado, pero con alguna nube de esas blancas, gordas, que parece que están puestas como para decorar el cielo en domingo. Habrá una mijita de viento, un poquito na más, como para que las hojas de las palmeras bailen un poquito por alegrías, pero con palmas sordas, que no se escuchen mucho...

Sería un día de manga larga arremangá, sin rebeca. ¿Tu has visto alguna vez un sueño donde se lleve rebeca? Será a las dos de la tarde, dos y cinco...yo sueño mú exacto y me sentaré en la mesa que hay más cerca del parque Calderón. Huele a gambas de Romerijo...no siempre en los sueños tiene que oler a orquídeas.

Ojeo la carta...como si no me la supiera de memoria. Traía el guión escrito desde casa...me había dado tiempo a pensarlo tras 45 días de confinamiento. Se me acerca el camarero. Camisa azul, a juego con el cielo, bandeja color acero inoxidable. Le da un limpiao a la mesa, jocifa en mano, mientra pregunta ¿quevasé? No hacen falta muchas palabras, creo que fueron menos de diez. Me entendió perfectamente. Me dijo si con la cabeza y se alejó camino del azulejo del Vaporcito del Puerto.

Un niño de la mesa de al lado me miraba curioso. Los niños siempre desconfian de los gafas con barba, igual que yo siempre desconfio de las ensaladas que llevan kiwi. No pasaron ni dos minutos antes de que llegara una Cruzcampo fresquita, con la espuma a juego con la nube que decoraba el cielo. En un plato adjunto reinan unos picos...que me gusta un pico...no sé que sería de la vida sin picos.

Me como un par de ellos para entretener mi alma. El niño de al lado me sigue mirando con cara de kiwi. Sigue oliendo a gambas...El Puerto siempre ha olido a gambas. No sé si meterle mano al tercer pico...me paro. Le doy un sorbo a la cerveza...está a temperatura para manga de camisa arremangá...y llega ella, rubia, sin necesidad de tintes...bueno quizás una mijita de colorante alimentario. A su lado, de escolta, un plato de ensaladilla, de esas servidas al pegotón: papa, un toque de zanahoria y nada más...sabe que su papel es acompañar a la reina de las rebozadas.

Cojo el tenedor, despacito, como cuando un capataz mete el paso pa dentro de la Iglesia. Lo apoyo sobre la pavía. Presiono. El crujio me suena a gloria. No lloro porque el niño se va a cachondeá de mi. La merluza está blanca, como el traje de una niña de Primera Comunión. Primer bocao. Cierro los ojos pero sigo viendo el cielo azul. Quiero más, pero antes descanso el paladar con un piquito. Disfruto. En el horizonte, por encima del río, se aparece un arcoiris...pero tiene forma de pavía de Paco Ceballos...las cosas de estar confinado.

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