Suelos de oportunidad

En Cádiz siempre se considera mejor el ocio que el negocio, lo que explica muchas estadísticas chungas

Por vez primera en la historia reciente, los dos Cádiz, el de Teófila Martínez y el de Kichi, se han puesto de acuerdo en algo. Me refiero al Plan de Usos para el Puerto, que permitirá disponer de 335.000 metros cuadrados para integrarlos en la ciudad. A eso se le ha dado un nombre adecuado: suelos de oportunidad. Algo que se conseguirá (no lo olvidemos) gracias a la nueva terminal de contenedores, que aporta un amplio espacio ganado al mar para uso portuario, colindante con el astillero de Navantia en Cádiz, a la vez que liberará los terrenos del muelle Reina Sofía. Más allá de los tecnicismos, Cádiz se va a encontrar con una oportunidad.

Sobre este asunto hubo (y hay) un debate amplio, con participación de asociaciones y entidades. Teófila Martínez, desde su cargo actual de la Autoridad Portuaria, se ha comportado con mentalidad de alcaldesa emérita. Y tanto Kichi como Martín Vila se han mostrado receptivos, lo que ha sido un detalle de inteligencia. Pues si les van a hacer un favor, y a entregarles un regalito, lo mejor es aprovecharlo, en beneficio de los gaditanos y las gaditanas.

Entonces se llega a lo principal, el contenido del regalo. ¿Qué hacer en esos 335.00 metros cuadrados? Teófila ha contado con los arquitectos municipales, como siempre hizo cuando fue alcaldesa. A veces se pasó, pero vamos a dejarlo ahí. En este caso, el borrador del Plan de Usos para el Puerto de la Bahía de Cádiz ha sido elaborado por la arquitecta Teresa Bonilla. En una mesa redonda, organizada en noviembre, la señora Bonilla ya dijo que este proyecto probablemente no lo verían realizado ninguno de los allí presentes, o algo así. Es decir, que esto no se hace con una varita mágica.

Aquí la gente, con la mentalidad que predomina en Cádiz, se ha opuesto a las viviendas libres, los apartamentos turísticos (¿por qué, si allí no molestan?), y a un centro comercial. Nada de ladrillos, como dice Martín Vila. Pero están abiertos a hoteles y aparcamientos subterráneos (como el que rechazaron en la plaza de Sevilla), además de lo típico: zonas verdes, carriles bicis y ocio hostelero. En Cádiz siempre se considera mejor el ocio que el negocio, lo que explica muchas estadísticas chungas.

A eso hay que darle forma. Podemos desaprovechar la oportunidad de los suelos, con sus 335.000 metros cuadrados. O aprovecharla, depende. Y conste que no lo digo por los pisos, que se podrían construir en otros terrenos de Cádiz, incluso con rascacielos. Lo digo porque está en juego el modelo de ciudad para el siglo que viene.

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