La esquina

josé / aguilar

Suecia aún queda lejos

EL partido socialdemócrata de Suecia, que estaba al frente de un gobierno inestable con los verdes y había tenido que convocar elecciones anticipadas, ha llegado a un pacto con el centroderecha: se anulan las elecciones, el equipo actual seguirá gobernando pero con los presupuestos de la oposición y se cierra el paso a los chantajes de la ultraderecha (Demócratas Suecos, el partido antiinmigración, que quería ser bisagra tras su relativo éxito en las urnas).

Oído cocina: los partidos populistas y xenófobos no pueden aprovechar las insuficiencias del sistema (en este caso, la falta de un gobierno estable) para deteriorar los valores democráticos y avanzar en su proyecto contra las libertades. Hay que aislarlos. Ese es el mensaje.

Es lo que han hecho los socialdemócratas suecos, ya digo. Los socialdemócratas españoles van a hacer lo contrario, según comentó el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, y ha confirmado un aluvión de barones territoriales sin excepción: ni se les pasa por la cabeza formar un gobierno de coalición con la derecha (PP) después de las próximas elecciones. Pase lo que pase en ellas. Da igual que la situación política y económica de España sea infinitamente más grave que la sueca. De ninguna manera. Ni aunque la jefatura del gobierno les correspondiera a ellos por ser la minoría más votada de las dos llamadas a pactar.

No entiendo tanta rotundidad. De acuerdo en que mostrarse dispuesto ahora a integrar una coalición con el PP podría llevar a muchos electores a dudar de la utilidad de votar al PSOE, pero ¿por qué no dejar abierto el tema? ¿Por qué no echar mano del socorrido "aspiramos a lograr una mayoría suficiente para gobernar en solitario" o el no menos socorrido "de los pactos hablaremos sólo cuando veamos los resultados de las urnas"? Es decir: no cerrar puertas que a lo mejor luego se han de abrir, y no exponerse a empezar una nueva legislatura haciendo lo contrario de lo que se dijo.

Piensen, los socialistas, que no es nada descabellado imaginar un escenario poselectoral en el que estén en presencia tres fuerzas políticas de parecido respaldo (el propio PSOE, el PP y Podemos) sin que ninguna de ellas pueda gobernar en solitario. Y piensen si no se verán obligados a optar entre permitir que gobierne Mariano Rajoy y permitir que lo haga Pablo Iglesias. Y piensen con cuál de estas opciones servirían mejor al interés de España. Sus compañeros de Suecia lo tienen claro.

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