Papel de oficio

Luis Suárez / Ávila

Sucedáneos

EN las tiendas de dietética, para gentes que tienen colesterol del malo o azúcar, venden unos sucedáneos que son vomitivos. Pongo por caso las salchichas vegetales, o el chocolate, sin cacao y sin nada. Los potenciadores del sabor son los ingredientes pretendidamente salvadores de esos engendros alimentarios. A la Europa, de raíces evidentemente cristianas, que juega a ser laica, como quien juega al escondite, le han salido una especie de sucedáneos de fastos familiares y, sobre todo, de sacramentos que no cuelan ni con potenciadores del sabor. Los despropósitos miméticos del cristianismo que practican los laicos de izquierda, con nombres tan sospechosos como José Antonio o Francisco, hijos de padres inquebrantablemente adheridos, casi todos -ver cómo es verdad- ex seminaristas del mayo del 68, son palpables. Al matrimonio civil, contra el que no estoy para quien quiera contraerlo, se han sumado las uniones de homosexuales, que le han robado el nombre a esa institución. Son los cónyuges A y B, porque ya no son ni marido, ni mujer. Pero cuestión mucho más espinosa es la las de las "comuniones" -porque no son Primeras Comuniones- por lo civil. Aquí me dice un prójimo progre que la cuestión está resuelta. Que todo está en vestir a la niña de novia de la señorita Pepis y a los niños de almirantes, y llevarlos a la Casa Cuartel del Benemérito Instituto Armado para que el Comandante de Puesto le dé una hostia. Yo, llamar a eso hostias, lo considero una irreverencia y una ordinariez. Prefiero lo de soplamocos, o lo que se ha puesto de moda y ha revivido el término, con lo de la gripe mejicana, lo de tapabocas. Pero, ¡cuidado! con mesura, que puede ser usted condenado -aunque luego indultado- como la madre que le propinó a su hija una bofetada, seguramente muy oportuna. Lo último es lo de Zerolo -no confundir con la empresa de la Plaza Real de El Puerto, Serolo-, que se ha inventado el bautizo por lo civil, al que llama -siéntese para no caerse-, "Acto laico de bienvenida ciudadana". Si es usted, ateo, agnóstico o mediopensionista, podría limitarse a inscribir al niño/a en el Registro Civil y no inventarse un sucedáneo del cristianismo. Que, sacramento a sacramento, lo van copiando todo, para parecer lo mismo, pero en grotesco, ridículo y extravagante. Es la liturgia alternativa, del quiero y no puedo, porque mi laicismo me lo prohíbe. Aunque, como se dice, a mí me importa un bledo; que "el que la copia..."

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