Suárez Ávila

Son vidas vividas en la generosidad de enseñarnos de donde venimos y lo que hemos sido y por eso somos

Hay tres 'Luis' en los estudios flamencos que relucen más que el sol. Y dos son de El Puerto de Santa María. Me refiero a Luis López Ruiz, filólogo y catedrático jubilado, que vive en Francia, y a Luis Suárez Ávila, que sigue en su pueblo, donde ejerce la abogacía y dedica el tiempo que le deja para meterse en los Archivos Históricos para seguir con una investigación en la que lleva toda la vida. El tercer Luis, otro sabio proteico e inenarrable, vive en Málaga pero ha estado muchos años en Algeciras. Su nombre, Luis Soler Guevara. Curiosa esta trinidad de luises. Que traigo a colación por causa de un comentario de un tipo inteligente al máximo -otro- que hay en Cádiz y que se llama Javier Osuna. Lo cuento. Es norma hablar de "los Puertos" en el establecimiento de los enclaves naturales definitivos de la génesis del flamenco y de lo flamenco. "Los Puertos" figuran en lo que Juan Talega definió como la heráldica del Flamenco, que no era otra que el camino de Sevilla a Cádiz "por la vía del tren". Al entender que en esa denominación - los Puertos- un gaditano entiende sólo a Puerto Real y al Puerto de Santa María, lancé una pregunta abierta al aire de Facebook, en donde se dan discusiones o aportaciones teóricas interesantísimas, o sea que no es para muchos un sitio para insultarse con bastante impunidad sino una plaza ática para contrastar y opinar, aprender y enseñar. ¿Cuántos puertos hay?, pregunté al aire. Javi Osuna respondió con inmediatez e inteligencia. Incluyó a Chiclana y a Rota, y a la Isla. Y a Sanlúcar de Barrameda. Al extender los puertos a otros puertos (Sanlúcar y Puerto de Santa María fueron decenios Sevillas en miniatura), Javi Osuna dio una explicación por cooptación. Los grandes nombres están todos, casi todos, en estos escenarios gaditanos. Entonces, Luis Suárez Ávila, me envía parte de sus muchos estudios (algunos publicados los conocía ya) sobre estas cuestiones que nos interesan a muchos, como lo gitano en el Flamenco y en la historia de estas tierras. Estas tres personalidades, generosas, magnánimas, han dedicado mucha vida a difundir y explicar los inasibles del Flamenco, que no es sólo un cante, ni un baile ni un toque, es una antropología cultural, una forma de vivir y de estar en el mundo. ¡Y una música! Por cierto que hace brillar lo que roza. ¿Por qué traigo aquí estas notas? Porque hay vida fuera de lo que se agita y llena de estrépito nuestra existencia. Son vidas vividas en la generosidad de enseñarnos de donde venimos y lo que hemos sido y por eso somos. Mi honda gratitud.

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