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Cambio de sentido

Soldado que huye

Los menos hombres, los que más necesitan parecerlo, sortearán a una mujer como quien rifa un chivo

Que para el día de La Purísima unos soldados (alrededor de 70) sorteen a una prostituta debiera ser un oxímoron. Pero se ve que no, que les pareció la mar de coherente, una bromilla, cómo os ponéis, lo sacáis todo de quicio, ¡hay que ir con un cuidado!, ya está aquí lo políticamente correcto, capaz eres de denunciarme por llevarte la contraria, en Irán no te pondrías tan chula. No afirmaré que prácticas de este calibre sean en la actualidad comunes entre los militares, pero tampoco afirmaré que tales actitudes sean una anomalía en nuestra sociedad. Y no sólo hablo del coro de machos cantores del Elías Ahuja, ni de los putañeros habituales, ni de las lindezas que nos dedican cobardes embozados bajo un nick o un perfil falso. No hace falta mirar las conversaciones de Whatsapp de no pocos grupos de hombres aparentemente maduros para saber lo que en ellos circula.

Porque es en el grupo, en ciertos grupos, y no en el seno de la amistad íntima entre los hombres, donde cuajan estas configuraciones delirantes de lo masculino "heterosexual puro", ese marcar paquete, la construcción descacharrante del deseo a base de porno barato, la denostación de la vulnerabilidad, la ideación profundamente ignorante y risible de lo que nos gusta y no a las mujeres. Como al muchacho que lo llevan a estrenarse a un burdel, alguno se sentirá violentado en estos foros; otros palmotearán para no ser menos, y otros -los menos hombres, los que más necesitan parecerlo- sortearán a una mujer como quien rifa un chivo.

Mas hay quien deserta. Quien sabe que por ahí ni se roza el misterio del sexo y los sexos. Quien se cosca, y se libra de que le conformen la hombría desde fuera de sí. Unos dan el paso de emanciparse de la recua siendo jóvenes y otros se van a morir sin haber encontrado la auténtica vena del gusto, apuntalando un sistema de pensamiento y comportamiento que ya no se tiene en pie. El caso del sorteo de la prostituta en un chat privado de militares lo han destapado miembros del grupo. No faltarán quienes nos llamen puritanas (¡cuánto error!) a quienes sabemos que por ahí no se va a ningún lado. Menos aún venida la iniciativa de un grupo hombres de los que suele predicarse que el valor se les supone. Soldado que huye es el título de un poemario de Laura Casielles, y hoy se lo siso para observar la actitud de cada hombre que no aguanta en silencio machistadas ni les ríe las bravatas a los guardianes una masculinidad averiada.

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