Con la venia

Fernando Santiago

Sobran los motivos

MAÑANA se constituyen los nuevos ayuntamientos salidos de las elecciones del día 22. Como ocurre siempre, habrá ayuntamientos donde se forme un gobierno distinto al que han votado los ciudadanos. No se trata de que gobierne la lista más votada, se trata de que hay partidos que no dicen lo que van a hacer al día siguiente (ya saben las majaderías que se repiten cuando se pregunta por pactos:  "nos presentamos para ganar", "primero que hablen los ciudadanos" y demás sandeces) o que hacen lo contrario de lo que dijeron (Izquierda Unida repitió hasta la saciedad "ni por acción ni por omisión permitiremos gobiernos del PP" y ahora van a hacer lo contrario en varios ayuntamientos como Chipiona, San Fernando , Chiclana o Alcalá). Un fraude en toda regla. Luego los políticos se extrañan de eso que llaman los finos la "desafección" hacia la política. Que los ciudadanos pasen de la política o se indignen con lo que hacen los políticos. Vemos cómo se lucha por el poder de manera descarnada, sin programas  proyectos ni ideología, tan sólo por el cálculo particular de lo que es mejor para el partido o para el político de turno.

Lo de los acampados es tan sólo la expresión de una parte de la sociedad. Estoy seguro que una amplia mayoría suscribe los postulados de los que protestan: transparencia, participación, que paguen la crisis los que la han provocado y todo lo demás. Cosa distinta es que haya muchos ciudadanos dispuestos a acampar en una plaza o con tiempo y edad para hacerlo. Aún así me parece a mí que deben levantar los campamentos y seguir con su lucha. Por seguridad, por higiene y por estética deben cambiar su forma de reivindicar. Eso sí, estoy absolutamente en contra de que se boicotee mañana sábado el acto de toma de posesión de los nuevos ayuntamientos. Si se quiere reformar la política hay que respetar también la voluntad de quienes han ido a votar y lo han hecho en el sentido en el que han salido elegidos los concejales. Lo contrario tiene un añejo tufillo a intolerancia. Este movimiento, al que le han puesto nombre de chirigota, "Los indignados", fruto del ya famoso libro de Stéphane Hessel, tiene un contenido interesante aunque si los promotores no lo remedian puede degradarse y pudrirse en sí mismo.

Hay motivos para la indignación. Primero por la economía, porque están sufriendo muchas personas que no son responsables de la crisis económica y quienes la provocaron cada día ganan más dinero. Salvo el ex primer ministro de Islandia y Bernard Madoff, no hay nadie  procesado, ni los responsables de Caja Castilla la Mancha, Cajasur y otras cajas de ahorros, donde el Estado ha tenido que poner una ingente cantidad de dinero. En cambio hay millones de parados. Segundo porque la política es un ejercicio noble y necesario, una herramienta para resolver problemas, sobre todo de los más humildes, pero en España está  secuestrada por la cúpula de los partidos y los sindicatos que tan sólo buscan perpetuarse en los cargos. Nadie ha ofrecido un programa o unas ideas distintas a las que se aplican en toda Europa y que tanto sufrimiento está causando.

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