Editorial

Seriedad y solvencia frente a la crisis

ANDALUCÍA fue la comunidad autónoma que registró un mayor aumento del desempleo en términos absolutos durante el pasado mes de octubre. El paro que consta en las oficinas del Servicio Andaluz de Empleo afecta a 912.817 personas, la cifra más alta desde 1996. Crece el número de hogares andaluces en los que todos sus miembros se encuentran sin trabajo. En los empleos cubiertos en octubre sigue creciendo la precariedad, sin que se perciban los efectos benéficos de la reforma laboral. Estos datos bastan para confirmar que estamos ante un drama social de gran magnitud, el primer problema de nuestra sociedad. Expertos y analistas del más variado espectro ideológico se esfuerzan por estudiar las distintas vertientes del desempleo y tratan de desentrañar las recetas que harían posible acometer su solución al menos a medio plazo. Por todos estos motivos destacan negativamente declaraciones como las del portavoz socialista en el Parlamento andaluz, el onubense Mario Jiménez, de las que no se sabe si llama más la atención su inanidad o su condición mitinera. Ha dicho Jiménez que "estamos ante una nueva realidad del mercado laboral" y ante "datos que claramente marcan un cambio de tendencia, que se empieza a incorporar empleo a la economía y que el saldo en términos económicos es más positivo y favorable". "Las previsiones económicas de salida de la crisis están en marcha", concluye el singular portavoz del PSOE, instalado en la cúpula del poder regional, tanto institucional como orgánicamente. Precisamente por su papel político relevante, las manifestaciones de Mario Jiménez no pueden ser tomadas como expresión de un deseo infantil de negar la realidad que duele, sino como reflejo de un propósito deliberado de engañar a la opinión pública, inútilmente por cierto. Andalucía está necesitada de muchas cosas, y no es la menos importante de ellas la presencia y actividad de políticos serios y solventes, capaces de liderar a la sociedad con análisis desapasionados y proyectos viables e ilusionantes, antes que con palabrería hueca y gaseosa que les inhabilita para el ejercicio de tan noble actividad pública.

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