La firma invitada

Óscar / Eimil

Sentido de empresa

NUNCA he creído en la suerte, ni en la buena ni en la mala. A lo largo de la vida, como enseña el cálculo de probabilidades, una y otra tienden a compensarse, por lo que, al final, cada uno recibe, en casi todas las facetas de la vida, esencialmente, lo que merece. Así lo enseña la sabiduría popular al afirmar, por ejemplo, que "el que siembra vientos, recoge tempestades".

Hace ya un tiempo, a comienzos del año 2007, cuando todo el país disfrutaba aún del espejismo de la prosperidad económica, estallaba en la Bahía de Cádiz la grave crisis industrial de Delphi. El cierre de la planta que la multinacional americana tenía en Puerto Real -todos lo recordamos-, supuso la pérdida de 1.600 empleos directos y aproximadamente otros tantos, al menos, indirectos, aunque esta cifra resulta mucho más difícil de cuantificar.

Conviene recordar, también ahora, el cierre de filas en torno a los trabajadores afectados que la crisis de Delphi produjo en toda la sociedad gaditana, el sentimiento de solidaridad que su difícil situación provocó en Andalucía y, sobre todo, el enorme esfuerzo político y económico que todas las Administraciones, sin excepción, hicieron para intentar paliar -en un primer momento-, y reparar -posteriormente-, el daño causado por el cierre patronal.

Durante los años transcurridos desde entonces, a pesar de las enormes dificultades económicas por las que atraviesa España, y de los grandes sacrificios que la crisis económica está exigiendo a numerosos colectivos, todas las Administraciones han dedicado mucho tiempo y esfuerzo a velar por el bienestar de los trabajadores afectados, y se han gastado enormes cantidades de dinero público -dinero de todos, en definitiva- con este fin.

Producto de estos esfuerzos, el pasado día 28 de septiembre de 2009, tuvo lugar, en Puerto Real, el acto de inauguración de la nueva factoría de la empresa Gadir Solar. A ella asistieron, con gran aparato mediático, tres consejeros de la Junta de Andalucía: Luis Pizarro, que lo era de Gobernación, Antonio Fernández, de Empleo, y Martín Soler, por aquel entonces consejero de Innovación, para, entre otras cosas, dar las gracias expresamente a la empresa por su "compromiso social". Este desacostumbrado despliegue oficial de la Junta de Andalucía tuvo mucho que ver con la circunstancia de que una buena parte de los empleados contratados por la nueva empresa procedían de la antigua Delphi, de manera que tal inauguración representaba, al menos parcialmente, el cumplimiento de una parte de los poco realistas compromisos de recolocación que la Junta había asumido en el año 2007, con ocasión de la crisis de la factoría puertorrealeña.

Con una inversión de 107 millones de euros y una subvención directa de la Junta de Andalucía de 16 millones, la inauguración de esta nueva factoría supuso la contratación de 156 nuevos empleados de los que 102 -el 65 por ciento- procedían de Delphi.

Hasta aquí una historia de solidaridad, conocida por todos que, a mi juicio, dignifica a sus protagonistas.

Precisamente por esto resultó francamente sorprendente, a mi juicio, que el pasado mes de junio, fuentes sindicales hicieran llegar a los medios unas declaraciones en las que manifestaban la preocupación de los trabajadores de Gadir Solar por "cómo se está desarrollando la actividad en esta empresa, que acumula paneles fotovoltaicos sin clientes a los que venderlos", declaraciones que causan perplejidad y que no son precisamente, dadas las circunstancias, un ejemplo de lealtad empresarial.

Más sorprendentes incluso, si cabe, han sido las noticias que leímos hace varias semanas acerca de los paros parciales y los cortes de carreteras que han protagonizado los empleados de esta empresa, en reivindicación de mejoras salariales y laborales, a tan sólo 10 meses de su puesta en funcionamiento.

Leyendo estas noticias, me ha venido a la mente un viaje que, hace pocas fechas, tuve la ocasión de realizar a Baden-Wurtemberg, un Land (estado) alemán cuya capital es Stuttgart. En el entorno de esta ciudad nacieron y crecieron algunas de las empresas más importantes del mundo: Daimler-Chrysler, Mercedes-Benz, BMW, Porsche, SAP, Karcher, Bosch, Hugo Boss y otras muchas. Experimenté, cuando visitaba aquellas tierras, envidia sana por el sentimiento empresarial que viven intensamente sus habitantes. Saben perfectamente, y así se transmite con orgullo de generación en generación, que la empresa -su empresa- es lo primero, lo más importante, porque actúa como presupuesto imprescindible para todo lo demás.

No estaría mal que, entre todos, hiciéramos un esfuerzo por divulgar, en nuestro entorno, este sencillo concepto; este sentido de empresa sobre el que, en definitiva, descansa el progreso y la prosperidad social. Seguro que nos iría mejor.

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