Dijo el otro día Pedro Simón en el Café de Levante que las dos grandes ideas que iban a determinar el siglo XXI eran el feminismo y el ecologismo, la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres y la preservación del planeta frente a las atrocidades que cometemos cada día. Ambos movimientos necesitan de gente constante que recuerde cada día sus objetivos y nos llame la atención cada vez que sea necesario. Hay veces que alguien coge esa bandera y se pasa un poco o mucho, incluso los hay que han hecho una profesión de estas nobles causas. A mí , sin ir más lejos, me parece una pamplina eso de "la nueva masculinidad" y la cantidad de cursos que organizan las instituciones lo que ha permitido la existencia de feministas profesionales, aunque parezca un oxímoron. Si lo vemos con perspectiva histórica, se trata de un movimiento pendular. Las organizaciones feministas de Cádiz, por bajar el balón al pasto, están divididas entre quienes apoyan al gerente de la Fundación de la Mujer y quienes lo rechazan por el mero hecho de ser un hombre. El secretario del grupo municipal de Ciudadanos criticaba los rumores sobre el nombramiento en una empresa municipal porque era mujer "y a mí no me importa lo que tiene entre las piernas" dijo en un alarde de chabacanería. Días pasados fue la vista oral contra un grupo de mujeres que habían sacado a pasear El Coño Insumiso en unas andas porque un grupo de abogados llamados "cristianos" se sintieron ofendidos en su fe, no está claro el motivo, e interpusieron una demanda por blasfemia, delito que , aunque sea sorprendente, se incluye en el Código Penal de un país aconfesional. No entiendo que haya un delito de ofensa a los sentimientos religiosos cuando la religión es una idea como cualquier otra. Pero ya es de traca que a alguien le ofenda una actividad así.

Hace tiempo se formó una polémica en Cádiz por un curso impartido en la Fundación de la Mujer en el cual se enseñaba la masturbación femenina como método para mejorar la autoestima. Hay que estrujarse la cabeza para imaginar un curso de esta naturaleza y dar un gran cobazo con el fin de que haya una institución que lo pague, aunque debemos tener en cuenta que la empresa que lo impartía está compuesta por mujeres que militan en uno de los partidos que sostienen al Equipo de Gobierno.No había llegado al mercado el último grito en el placer femenino, un artefacto que succiona el clítoris llamado Satisfyer que garantiza orgasmos en dos minutos. Debe ser a eso a lo que llaman empoderamiento.

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