Cuenta la leyenda que los balcones gaditanos denominados de buche de paloma se hicieron con el objetivo de que las damas vestidas con miriñaque se pudieran asomar para contemplar el ambiente callejero. La moda ha evolucionado desde aquella edad de oro de la ciudad que vio cómo era rechazado Lord Byron de una tertulia por no ir correctamente vestido, lo que no impidió al poeta inglés decir que las mujeres gaditanas parecían reinas. A lo largo de los siglos las mujeres y los hombres de esta ciudad han evolucionado desde la levita a lo que nuestros abuelos en Cádiz llamaban sahariana (o seriana, para abreviar) y que ahora se empeñan en poner de moda con la denominación guayabera. Desde la enagua y el corsé femenino a la mantilla, que también tiene un grupo de personas que reivindican su uso (¿para cuándo la fusión guayabera-mantilla?). Desde ese punto hemos llegado a los vaqueros rotos que, como dibujó El Roto, sirven para ensalzar la pobreza hasta considerarla un estilo. O la indumentaria del macho alfa gaditano : calzonas, chanclas y camiseta de la tercera equipación del Cádiz en el último ascenso. Las modas van y vienen, basta sentarse un rato en la terraza de Los Italianos o el Liba y observar.

Esa actitud me ha llevado a la conclusión de que la nueva moda gaditana en mujeres es la malla: el centro de Cádiz está lleno de mujeres en mallas que van o vienen del nuevo gimnasio abierto en el muelle que ya tiene lista de espera y cuyo curioso nombre es Santa Gadea ("en Santa Gadea de Burgos, do juran los hijosdalgo, allí toma juramento el Cid al rey castellano"). Dicen que hay tres mil personas apuntadas, que no es lo mismo que usuarios. El caso es que mujeres con mallas de colores chillones las hay a montones. Los hombres en esto parecen más discretos. Se puede ver a la ida o a la vuelta del ya famoso gimnasio al portavoz socialista o al jefe del gabinete del alcalde sin mallas, aunque no es descartable que se las pongan para practicar zumba, spining o lo que sea que se haga en tal instalación. La irrupción del mencionado gimnasio es una pequeña revolución ciudadana que ríanse ustedes de las movilizaciones de Navantia o las mareas de todos los colores. Ahora que lo pienso ¿para cuándo una marea verde limón con todo el mundo en mallas reivindicando, qué sé yo, la sacarina o la stevia? Cádiz ha pasado en un siglo del club de tenis, el Mirandilla club de fútbol y la zahorra del Complejo al personal trainer y el dietista particular. El signo de los tiempos.

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