La cornucopia

Gonzalo Figueroa

Sanidad pública

El Delegado provincial Hipólito García se encuentra empeñado en reorganizar el Servicio Andaluz de Salud (SAS) para "evitar bolsas de ineficiencia", algo que tiene lógica y en lo que, durante este incierto período de crisis económica, todos los ciudadanos de nuestra autonomía deberíamos cooperar. Sin embargo, con sólo anunciarlo y sin dar tiempo a poner tal corrección en práctica, la reacción de las otras partes interesadas ha sido fulminantemente negativa. Desde el presidente del Colegio de Médicos Ricardo Miranda, la dirección de IU a través del parlamentario Ignacio García, el sindicato Autonomía Obrera y el Partido Popular en la voz de su secretario general Antonio Sanz, han criticado duramente una medida que parece objetivamente razonable y prudente, llegando este último a afirmar que "la situación actual de la sanidad pública andaluza…" es "insostenible" (Diario de Cádiz, 8.9.08).

Personalmente, y como beneficiario de la sanidad pública, me siento muy satisfecho de ese servicio, si bien no ignoro la discusión que, esporádicamente, se produce acerca de sus niveles de eficacia. Lo que no es justo es que desde las distintas fuerzas vivas de la provincia se fustigue de esa manera a una Delegación que siempre ha demostrado sensibilidad, devoción al trabajo y permanente disponibilidad a los usuarios de las dependencias sanitarias. Además, en el aspecto positivo, hay que recordar las trascendentales iniciativas en curso para mejorar los cuidados paliativos, los notables avances en materia de lactancia materna, el anuncio del Gobierno de regular la muerte digna, etc. En una palabra, se trata de unir fuerzas para avanzar y no estancarse en apreciaciones prematuras y destructivas.

Ya en el siglo V antes de Cristo, un adelantado Hipócrates sentenciaba: "Cuando entre en la morada de un enfermo, lo haré siempre en beneficio suyo". "De todo cuanto vea y oiga en el ejercicio de mi profesión, y aún fuera de ella, callaré cuantas cosas sea necesario que no se divulguen"."Consideraré sagrados mi vida y mi arte". Son algunas de las reglas de conducta contenidas en el solemne "Juramento" que estableció ese médico ejemplar y que se sigue reconociendo como el mejor compendio de normas éticas que deben regir esa noble profesión. Es importante que autoridades autonómicas, médicos, sindicatos y partidos políticos no olviden unas máximas tan antiguas como justas, para que antepongan la preocupación por la salud de los andaluces a rencillas interesadas que rompen un consenso indispensable para, en lo posible, mejorar este servicio público fundamental.

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