DIARIO DE CÁDIZ En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

La desescalada avanza entre la ilusión y el canguelo. Cuando nos cruzamos con vecinos y conocidos, la cabeza intenta frenar, mientras las piernas avanzan con vida propia: "¿Todo bien, no?" "Sí, sí, todo bien, adiós, ¿y vosotros?" Y sin disimulo nos alejamos sin pausa, esquivando a la vez al que viene de frente. Vemos a chavales sin respetar la distancia y más gente sin mascarilla, ahora que las hay por todas partes, que antes, cuando no las había. De repente, nos adelantan presuntos deportistas, de esos que no se pegan una carrera ni cuando quema la arena en la playa, echándonos el aliento en el cogote. Sufrimos con los niños sudando a las cinco de la tarde. La burbuja en la que viven los políticos es tan hermética, que les cuesta olfatear el ambiente. Ahora cada comunidad establecerá sus propios horarios. Al ejercicio de repartir la carga el presidente Sánchez lo llama 'codecidir', 'cogobernar'.

Mañana pasaremos a la fase 1 y no conviene confiarse. Gozaremos de más libertad y aumentará el riesgo en la misma proporción. Ciertamente tiene algo de extraño abrir bares y restaurantes bajo un estado de alarma. La mayoría se lo piensa. Y los hoteles directamente esperan. Si el baño en la playa sigue prohibido y los turistas no pueden llegar de otras provincias, no tiene sentido. Sí saldremos a la calle a tapear, pero no tenemos claro cuánto tiempo ni a qué hora. Igual según vayan cayendo las rondas nos vamos regulando, a nuestro aire: ¿Imaginan? La nueva normalidad no se aprende en dos días. Ni siquiera sabemos con certeza a qué hora podrán los niños ver a sus abuelos. ¿O no hay horarios?

La marea de dudas continúa porque podemos surfear -los que tengan la suerte de dominar este arte- pero no podemos darnos un chapuzón. ¿Alguien lo entiende? Nos llegan propuestas de ayuntamientos lejanos para evitar riesgos el día que se permita el baño. Quizá valgan para el Mediterráneo, nos decimos: ¿Pero cómo mantendremos en nuestras playas la distancia de seguridad cuando suba la marea? En los países nórdicos se apela a la responsabilidad de cada uno, aquí pensamos en cuadrículas para no juntar las sombrillas porque no nos fiamos de nosotros mismos.

Nuestros gobernantes, a izquierda y derecha, tratan de convencernos de que contrastar las noticias consiste en hacer caso únicamente a las fuentes oficiales. Estamos rodeados porque a todos les encanta trufar la realidad con sus aparatos de propaganda. Hay que admitir que no todos confunden a la opinión pública por ideología. El carajal es tremendo sencillamente porque la información la trasladan a través de voceros en lugar de dejar a los profesionales en la materia. A la mayoría de estos no les permiten ni hablar. Y no pocos dirigentes se atreven a decirnos lo que más nos conviene sin haber aprobado 'primero de coronavirus'. En su particular 'sálvese quien pueda', no se ponen de acuerdo ni para contar los positivos. Si al menos la Junta y el Gobierno midiesen los contagiados por Covid-19 bajo los mismos parámetros... Pero la Junta suma diariamente los casos resultantes de pruebas PCR más los de los test rápidos, y el Ministerio de Sanidad sólo contabiliza los primeros, porque los test rápidos no son fiables. Cada gobierno cuenta la pandemia como le va. Y la única realidad es que entraremos en la primera fase más por pura necesidad -económica- que por haber doblegado al virus, como nos gustaría.

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