Días caninos

Jorge Bezares

Salvar a los españoles

 EL pasado 20 de noviembre, la sociedad española, harta de los vaivenes y las ocurrencias del Gobierno de ZP,  le otorgó al PP una amplia mayoría absoluta. En estos primeros siete meses, el Ejecutivo encabezado por Mariano Rajoy ha basado su acción de gobierno en ese amplio respaldo parlamentario y no ha dudado en utilizarlo para sacar adelante las reformas y ajustes que a su entender necesitaba España para salir de la grave crisis económica que padece desde 2008. Desde el punto de vista de la legitimidad democrática, nada se le puede reprochar. Sin embargo, empeñado por salvar a España, se ha acabado olvidando de los españoles, que no le votaron para empeorar sus condiciones de vida sino para mejorarlas. Cabe recordar que el programa electoral con el que se presentó Rajoy el 20-N prometía, además de un chute de confianza y certidumbre de manera inmediata, esa mejoría porque "ya lo hicimos en 1996". Utilizando un lenguaje acorde con los días que corren, hoy, por culpa de la torpeza del Gobierno popular -y también por la herencia socialista-, los accionistas de la cosa han visto caer estrepitosamente el valor de sus expectativas de futuro, y la marca 'España', una vez pasada la resaca futbolera de la Eurocopa, está por los parqués. O sea, ni España va bien, ni a los españoles tampoco, según la docta opinión de los mercados y el clamor de la calle. En este manual propio de un elefante preparándose para entrar en una cacharrería, la reforma laboral es la génesis de todo. Sin expectativas de creación de empleo hasta 2014 ó 2015, los populares arrancaron con un recorte de derechos a los trabajadores sin precedentes, abriendo la puerta al abaratamiento despidos y salarios y otorgando al empresario patente de corso. Según la doctrina aplicada recientemente por Rajoy a los nuevos parados, el tajo tiene como finalidad  animar a los parados a buscar trabajo aunque sea fuera de España. Después llegaron otras reformas y otros ajustes en justicia, educación, sanidad, medio ambiente, administraciones públicas y en todo lo que se movía hasta llegar al fiasco de Bankia y el rescate europeo de la banca española y el posterior anuncio de la subida del IVA, la supresión de la paga extraordinaria de Navidad a los empleados públicos y el recorte a parados y dependientes. Así las cosas, tras siete intensos meses, la mayoría absoluta que le sustenta es un espejismo. En un escenario donde un adelanto electoral sería un disparate, el Gobierno está obligado a aparcar una soberbia que le impide escuchar la voz de los españoles.

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