Saldaña

La única explicación para defenestrarlo es que hay alguien que anhela su puesto

Antonio Saldaña, concejal del Ayuntamiento de Jerez y portavoz del Partido Popular en la Diputación Provincial de Cádiz, presuntamente cometió el pasado jueves un delito contra la seguridad vial. Si resulta condenado, le impondrán una pena de multa y privación del carnet de conducir, con la consiguiente rebaja si se conforma. Un delito sobre el que la sociedad tiene una visión un tanto hipócrita pues, pese a que goza del reproche social, es de los que más se cometen. Me imagino que habrá estadísticas al respecto. Como todas las faltas grandes y pequeñas se miran con más dureza si las cometen otros. Hacia nosotros mismos solemos ser más indulgentes. Si, para más inri, el presunto infractor se dedica a la política, que es la dedicación pública más desprestigiada por otros motivos ajenos a la seguridad vial, la comprensión desaparece por completo.

Lo extraño del caso de Saldaña no es ni el delito, de lo más común, ni su reproche social sino la incalificable actitud de su propio partido. Cuando los demás hacían una crítica discreta y previsible (Izquierda Unida tenía antecedentes dentro de su propio partido, con el agravante de que su concejal además provocó lesiones; Ciudadanos, días atrás tenía otro caso a nivel nacional y el PSOE pedía la dimisión más por obligación que por convencimiento) llega el Partido Popular y pide su cabeza. Nada que ver con esas madres abnegadas que acompañan a sus hijos al calvario de su enjuiciamiento, los disculpan y los quieren sin límites, aunque reincidan.

El Partido Popular de Saldaña quiere su muerte política. "Al suelo, que vienen los nuestros", tendría que haber pensado cuando recibió la primera llamada del partido. Me pregunto por qué este rigor cuando en otras ocasiones, mucho más graves, se ha barrido y se ha dejado todo debajo de la alfombra. Saldaña no es inepto (en sus filas los hay de mucha menor valía) ni ignorante (tiene dos carreras) ni ha obtenido malos resultados electorales, antes al contrario. Tiene todos estos créditos a su favor. Luego, la única explicación posible para defenestrarlo es que hay alguien que anhela su puesto y a quien no le adornan las mismas virtudes. Alguien que tiene que pisar para llegar. Alguien afín a los que ahora mandan y a los que mandarán en un futuro porque se tiene bien aprendida la lección de colocarse al sol que más calienta. Una joven con un padrino de quien todo lo aprendió. ¿Se conformará Saldaña?

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