Desde mi cierro

Pedro G. / Tuero

Romántico noviembre

Noviembre es el mes de los muertos. Y precisamente por esto, es el mes del año más romántico, siempre si atendemos al concepto exacto de lo que es el romanticismo. Noviembre es el período del año en el que los cementerios, los difuntos, el Tenorio, la muerte, las máscaras y hasta la americanada del Halloween, tienen lugar. Ingredientes en su mayoría que podrían formar parte y hasta asumir el protagonismo en cualquier obra calificada como romántica. Generalmente son piezas teatrales, pues este género será el más adecuado y exitoso para representar los rasgos y características propios del movimiento que nos ocupa. Obras de nuestra prestigiosa literatura durante la primera mitad del siglo XIX, cuando florece en todo su esplendor el movimiento romántico en España, aunque algo más tardío con respecto al resto de Europa, generalmente dramas históricos ambientados en la época medieval y muchos de ellos mezclando la prosa con el verso. Obras que formarán parte entre las más representadas y populares de nuestra literatura española. Autores muy destacados como el Duque de Rivas, José Zorrilla, Martínez de la Rosa, Hartzenbusch o nuestro escritor gaditano, el chiclanero Antonio García Gutiérrez, con su obra modélica y una de las más representadas en su época como es El trovador, un dramaturgo insigne aún no reconocido en su plenitud.

No obstante, que sepa mi finado lector que el concepto de lo que es verdaderamente romántico está equivocado la mayoría de las veces. No es romanticismo contemplar un paisaje con brillante luna, ni un mar sereno y calmoso; ni en el amor un estado feliz o apacible; ni lo es la vida plena y pujante; no es romántico ni el mes de abril ni mayo, no lo es la estación primaveral y radiante; ni lo es la paz, el sosiego o, ni mucho menos, la armonía. Romántico es todo lo contrario: el paisaje revuelto y violentamente alborotado; una oscura luna con visos de tempestad y desazón; el amor ingrato, siempre idealizado y a veces como un principio de perdición, o lo que la muerte representa adornada de toda una tramoya funeraria, pero, ante todo, la libertad, frente a la razón ordenadora de la Ilustración.

Un mes de noviembre en el que hoy se ha puesto de moda la Fiesta de Halloween, cada vez más extendida. Y en La Isla dice este entrañable Diario que colmada de actos y actividades donde las calabazas, terroríficas dentaduras, lúgubres pintadas en los rostros y macabros decorados los hay por doquier. Una moderna celebración para los más pequeños, sobre todo, que gustan, parece, del miedo; aunque, para los adultos, el pánico lo tienen a diario, no hay más que leer la prensa o ver los telediarios para horrorizarnos del panorama que nos rodea.

De todos modos, este que opina se lo pasó muy bien junto a su adorada nieta, Laura, en La Taberna del TiTi, un lugar agradable en la chiclanera calle Gerbera, donde mi amigo José y su alma máter y bella, Libertad, nos prepararon una fiesta a la sazón en la cual las castañas asadas y unas suculentas croquetas fueron albergándose de boca en boca.

Romántico noviembre o el mes de los difuntos o de los muertos vivientes. Aunque no es el mejor momento para morirse, con lo que cuesta un entierro. Joder.

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