Reconozco que tengo debilidad por los romanos. Me gustan las películas, no me perdía los del Ecce Homo e incluso he peregrinado a La Madre por ver a los armaos de la Macarena, que es lo mejor que se sirve por el sur en materia de romanos desfilando, aunque siempre recomiendo no perderse los romanos de Arcos, en la Sierra de Cádiz, otra delicia para los que nos gustan estas cosas.

Pero desde este lunes mi simpatía por los romanos es aún mayor porque por lo visto ya en época de estos latinos existían bares donde la gente, los de clase baja eso sí, iba a tomarse un vaso e incluso lo acompañaban con algo de comer.

Los bares de los romanos se llamaban Thermopolias. La verdad es que el nombre no invita mucho, tiene como nombre de Mepansa. Sería mucho mejor Casa Tiberio o algo así, pero por lo visto los arqueólogos los tienen perfectamente descritos e incluso se conoce que se tomaba en ellos el vino, aguado y dulce, eso sí, y se acompañaba de algunos guisos que tenían en unas tinajas, el antecedente de los actuales taperos.

La existencia de los bares en Roma ya se conocía, pero yo la verdad (esto nos pasa mucho a los catetos digitales) no sabía de ellos… de lo contrario hubiera puesto más interés cuando en la facultad estudiaba historia antigua. Pero aparte de esto el pasado lunes en un encuentro sobre gastronomía en tiempos de los romanos que tuvo lugar en el yacimiento arqueológico de Itálica en Santiponce (Sevilla) el profesor de la Universidad de Cádiz, Manuel León Bejar reveló que los romanos ya realizaban despieces del atún y utilizaban cada una de sus partes para el plato para el que iba mejor.

Los romanos fueron los primeros grandes sibaritas de la historia. Inventaron muchísimas cosas y una de ellas fue el Garum, una salsa que se usaba pues más que hoy en día la mayonesa. ¿Qué sería de nosotros sin la mayonesa?

Pero lo cierto es que el Garum está permitiendo a los científicos de la Universidad de Cádiz demostrar su valía. Me parece emocionante que unos investigadores hayan logrado "reconstruir" una salsa que se hacía hace dos mil años y además demostrar, en contra de muchas creencias, que era algo realmente exquisito y no exento de conocimientos científicos.

Ahora estos mismos científicos acaban de presentar en pocos días nuevas variantes de estas salsas como el oxigarum, un Garum mezclado con vinagre o el aenogarum, otra salsa que mezclaba vino con la estrella de las salsas romanas.

Cuando pruebo estas salsas no puedo evitar emocionarme y pensar que estoy comiendo lo mismo que se tomaba hace dos milenios.

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