Tiempos modernos

Bernardo Díaz Nosty

Rezar con las beatas

HAY una modalidad televisiva del fin de semana que convierte la propaganda en información. Es la teletienda del todo vale, una especie de tongo político donde los líderes se mandan recados y nos venden las maravillas del país de Alicia con la credibilidad del meritorio comercial que nos propone eliminar "esos arañazos que tanto afean su automóvil". ¿Cómo olvidar, entre los más veteranos, aquellas mañanas en las que se doctoró José Blanco o las capeas de Javier Arenas [menos impuestos, más inversión, garantizamos su pensión…]? Menesterosos y segundones pugnan por salir en el decorado humano que arropa a los líderes, aunque los expertos dudan de la eficacia de estas misas laicas, en las que se muestra el paisanaje de una España más rural que urbana.

María Dolores de Cospedal, reina de las matinées -la última en Villamayor de la Armuña-, ha elevado el listón. "¡Hay que generar confianza! -pidió a los munícipes castellanos que la vitoreaban-, porque la confianza genera consumo, el consumo genera producción y la producción genera empleo". Pero, claro, cuidado con generar confianza antes de la primavera de 2012.

La última encuesta del Instituto Opina para la Cadena Ser, relativa a los cambios en el Ejecutivo de Zapatero, expresa un estado de ánimo que se percibe en el ambiente. Si hacemos caso de la afirmación de Blanco, horas después de publicarse -"los cambios en el Gobierno responden a un deseo de la sociedad española"-, está claro que Rubalcaba es quien lidera ese cambio y recupera expectativas electorales para el PSOE.

El primer plano de Rubalcaba transforma el formato audiovisual, el enmarcado mediático de la narración política. Más dado al razonamiento argumentado, a la trasmisión de la confianza anhelada por Cospedal, su discurso da un giro notable a la escena. No valen ya las simples becerradas, porque ahora el público -"el deseo de la sociedad española", según Blanco- está pidiendo más arte a los espadas. Una papeleta para Rajoy que, como dicen en casa, gana mucho con sus silencios.

Las teletiendas políticas reducirán su ya escasa eficacia. Servirán, sí, de recuerdo de la marca, darán alguna visibilidad a los líderes y, sobre todo, perdigones de escopeta para la hinchada. Poco más. Un cura algo cazurro, que hace tiempo descubrió que la innovación podía sacar a la Iglesia de la crisis, decía: "no adelantamos nada rezando con las beatas, porque esas ya están salvadas". Y promovía "bajar a la calle, donde está el pecado", apuntando a los prostíbulos del distrito portuario donde pastoreaba. Un desertor del púlpito del que debieran tomar ejemplo los vendedores de la teletienda.

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