Crónica Personal

Pilar / cernuda

Rey y padre

EL Rey prestó algo más de un millón de euros a su hija Cristina para costear las reformas del palacete de Pedralbes que hoy se encuentra en venta. Por otra parte, a nadie cabe duda de que el Rey pidió hace semanas a su íntimo amigo Aga Khan, líder espiritual de los ismailitas y uno de los hombres más ricos del mundo, que ayudara a que su hija Cristina pudiera instalarse en Ginebra y apartar así a sus hijos -víctimas indeseadas del caso Urdangarín- del rechazo que sufrían en su colegio. Con Iñaki sin trabajo, la Infanta no podría cambiar de vida sólo con el salario que recibe por su trabajo en La Caixa, así que ese salario se verá complementado porque Aga Khan deja en sus manos una serie de proyectos que realizará la entidad catalana con las ONG fundadas por Aga Khan.

La ayuda económica del Rey a su hija se refleja en la documentación que el juez Castro pidió a la Agencia Tributaria, y la Casa Real ha advertido que se trata de un préstamo realizado vía notarial, y declarado a Hacienda por las dos partes. Ese préstamo demuestra que independientemente de lo que diga en su momento el tribunal que juzgue a Urdangarín, la Familia Real goza de importantes privilegios, aunque también de obligaciones y responsabilidades, pero en algunos aspectos mantiene un comportamiento parecido al de la mayoría de las familias españolas, en las que es habitual que los padres acudan en auxilio de sus hijos cuando se encuentran apurados para pagar sus deudas, hacer frente a una hipoteca, a la entrada de una vivienda o costear unas reformas. Y demuestra también que el Rey reacciona como tantos otros padres que no dudan en hacer gestiones ante un empresario amigo para encontrar empleo cuando vienen mal dadas.

Al contrario de lo que ocurre en otras familias, la real está obligada a una transparencia absoluta. Y cuando está en entredicho la honorabilidad de uno de sus miembros, como es el caso de Urdangarín, conviene también que esa transparencia se aplique al ámbito privado para que no haya dudas sobre la limpieza y legalidad de las operaciones económicas que hayan acordado entre ellos los miembros de la Familia Real.

Prestar dinero a un hijo es cosa corriente. O regalarlo, o donarlo. Como lo es prestar o regalar a hermanos o padres. Prestar no es un desdoro; al contrario, honra a quien lo hace, demuestra así su generosidad, su sensibilidad, y además quien presta no suele echar las campanas al vuelo. Seguro que don Juan Carlos nunca pensó que llegaría el día en el que tendría que rendir cuentas.

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