Con la venia

Fernando Santiago

Revolución gourmet

EL día que los progres se hicieron gourmets la izquierda se echó a perder. El ascenso de la gastronomía va parejo al descenso de la izquierda, son vasos comunicantes. Los rojos se metieron en la cocina y abandonaron la reivindicación. La socialdemocracia, después de de su triunfo en la posguerra europea, perdió toda capacidad cuando sus dirigentes y principales seguidores se liaron en los fogones. La cosa empezó con las paellas de los domingos, de ahí a los vinos de reserva, lo que dio paso a las deconstrucciones y las espumas para terminar en bioluminiscencias y así. Los principales cerebros de la izquierda empezaron a dedicar sus esfuerzos a la gastronomía a la vez que abandonaban la lucha. Ese hueco lo ocupó el liberalismo y el fútbol. Ahora tenemos a muchos rojos con delantal o en peregrinaje de fogón en fogón para conocer a los nuevos grandes gurús de la sociedad: los cocineros. Antes la gente se conformaba con la ensaladilla de Las Palomas, las papas aliñás del Maestrito o cómo freía pescao el Pringue en los Callejones. La Cervecería del Puerto, el Cateto, El Baluarte o El Anteojo eran los templos de la gastronomía gaditana mientras la izquierda gobernaba la ciudad. Ahora el que no conozca el nombre del último aceite de arbequina que se hace en Medina o de una bodega de Arcos donde hacen un vino espléndido es que es un cateto. A eso se dedican ahora los antiguos rojos. Los nuevos revolucionarios son perroflautas del Palillero a los que les da igual si la mortadela tiene aceitunas o no. No saben valorar un tartar de atún, un carpaccio de setas o una manzanilla en rama del año. Mientras los rojos de toda la vida van al Aponiente o a El Campero, los nuevos rojos van a La Huella. Ese es el declive de la izquierda. Jamás levantará cabeza porque hay un hueco generacional, un gap que dicen los modernos. Antes nadie dedicaba horas a cocinar en casa, salvo las madres y por obligación. Ahora la gente se compra distintos tipos de sal y se conocen la última receta con quinoa . Le han dejado el campo libre a la derecha y a los podemitas para que ocupen las urnas y las plazas. Los hijos de los dueños de El Recreo Chico y de La Abundancia están en diferentes esferas de poder y los gastrónomos marcan la pauta. Aquellos que no tenemos paladar o que no estamos al día de las novedades en materia de restaurantes ya no somos nadie en la sociedad. Parecemos el imperio romano: según subía el garum bajaban las conquistas militares.

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