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¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Revisionismo histórico

¿Qué está haciendo Patricia del Pozo para limar el fuerte componente ideológico de la Ley de Memoria Democrática?

Es llamativo que la izquierda haya elegido el término "revisionista" como sambenito que colocar a los que no pacen en su amplísimo y bien surtido pesebre cultural. Se suele aplicar, principalmente, a aquellos que no están dispuestos a tragar con los dogmas de eso que primero se llamó "memoria histórica" y, después, cuando la impostura era ya insostenible, "memoria democrática". Sin embargo, no se nos ocurre mejor palabra que "revisionista" para definir lo que debe ser un buen historiador. Quien no está dispuesto a revisar permanentemente la lectura del pasado a la luz de los nuevos documentos, investigaciones y testimonios es que, sencillamente, no se puede considerar hijo de la musa Clío, profana patrona de los que trabajan con ese material líquido -y a veces inflamable- que es el pasado. Desde los adánicos años del presidente Zapatero, nuestra progresía, con una actitud más religiosa que científica, pretende sentar un dogma histórico inalterable, completamente cerrado e impermeable a cualquier tipo de debate, metodología o descubrimiento documental. Por supuesto, en esta docuficción de la memoria la siniestra aparece tan guapa y perfumada como pestilente y desfigurada la derecha. Esa gran falacia es la que quieren enseñarle a nuestros hijos en las escuelas. Es más, ya se la están enseñando en algunas. No es agradable tener que dedicar los almuerzos familiares a hablar de la guerra de los bisabuelos y ampliar los puntos de vista sobre aquella carnicería.

Al usar el término "revisionista" -que, por otra parte, siempre fue una de las excusas favoritas para las purgas internas y externas de la izquierda totalitaria- se pretende vincular el trabajo de muchos y prestigiosos historiadores y escritores españoles al movimiento pseudohistórico que intenta negar el Holocausto judío y que alardea de dicho adjetivo. Eso aumenta la miserabilidad de los que arrojan a los demás el vocablo. Lo hemos visto estos días con el caso Trapiello, acusado por un poco ilustrado PSOE madrileño de "revisionista histórico", simplemente por cuestionar el relato infantil de buenos y malos de la memoria histórica. Por cierto, ¿qué está haciendo la consejera de Cultura, Patricia del Pozo, para reformar la Ley de Memoria Democrática y quitarle su fuerte componente ideológico? Debería dar alguna explicación.

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