De dos en dos

Javier Anso

Resurrección y coherencia

Recuerdo muy bien una homilía que escuché, hace años, un lunes de Pascua como hoy. En ella se nos contó algo sucedido en un monasterio budista en Japón. Un religioso católico, que estaba de visita, trataba de explicar a un monje budista en qué consistía la resurrección de Jesús. El religioso hablaba y hablaba. El monje escuchaba plácidamente, en silencio, los ojos semicerrados. Tras media hora de explicación, sin interrupción alguna, el religioso preguntó: "Perdone, pero, ¿me está Usted entendiendo?". "Sí, sí, le escucho con mucha atención, le dijo el monje, y le agradezco todos sus esfuerzos por explicarme qué pasó con Jesús, pero, mire, lo que a mí me interesa de verdad es que me diga lo que le ha pasado a Usted; en qué modo la resurrección de Cristo ha cambiado su vida".

No dejo de pensar en la profunda sabiduría del monje budista. ¡Dio en la diana, porque los cristianos no acabamos de convencernos de que "el mundo necesita más testigos que maestros" (Pablo VI); de que nuestra vida es la única Biblia que lee el mundo de hoy; ni de que las palabras de Francisco de Asís son tan verdaderas ahora como cuando las pronunció hace siglos: "Tenemos que predicar siempre, y si hiciera falta, también con palabras".

Estas reflexiones tienen también una fácil y necesaria lectura laica o civil porque todos estamos expuestos a que, cualquier día y en las más insospechadas circunstancias, nos topemos con un monje budista -que cada uno vea el equivalente a esa imagen- que, plácidamente y con los ojos semicerrados, nos diga: "Gracias, pero no me interesa una conferencia sobre el socialismo, el liberalismo, el comunismo...No me lea su programa o el contenido de sus folletos de propaganda política. Lo que me interesa es que me diga de qué modo esas ideas han cambiado su vida".

Frente al escándalo, favoritismo y corrupción que tanto dañan nuestras instituciones, la limpia coherencia de nuestra vida es la prueba del algodón. La única en la que el mundo cree.

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