La polarización de la política se lleva a las tertulias de los amigos o de las familias. En muchos casos se ha perdido el arte del debate, de la discusión sana y el intercambio de las ideas. Ahora impera el totalitarismo de que sólo lo mío vale y se mira mal al de enfrente porque vote a este o a otro partido. Sólo se quiere leer o recibir la información de su peña. Es como si un socio del Real Madrid sólo viera el canal oficial del club. Es imposible que pueda tener cualquier tipo de espíritu crítico. El respeto a las ideas del otro es fundamental porque lo contrario nos lleva al odio, a los radicalismos y a correr el riesgo de repetir grandes errores de la historia. Al final no somos más que el reflejo de lo que nos enseña la clase política de hoy en día, donde todo lo que viene de los adversarios políticos es malo por naturaleza. Se empieza por mirar mal al vecino y se acaba por no respetar los resultados electorales.

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