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josé / pettenghi / lachambre

Renacer de las cenizas

HACE unos días publicaba este Diario unos datos demográficos de Cádiz ciertamente estremecedores. A la ya conocida, pero no menos alarmante, pérdida de población, se suma la sangría de jóvenes que sufre la ciudad.

La radiografía es una ciudad envejecida que asiste debilitada a su propio derrumbe. Resulta raro hallar una familia gaditana que no tenga a alguno de sus hijos, si no todos, trabajando fuera de Cádiz, en Sevilla, Barcelona, Bruselas, Washington o Florianópolis… Una diáspora de jóvenes con una alta cualificación profesional que se ve obligada a buscarse las papas más allá de Cortadura. Esto, que en sí es positivo y enriquecedor a nivel individual, es letal para la ciudad, que se ve privada de una juventud preparada y activa.

Ello, lejos de ser la causa de la sangría poblacional, es la fatal consecuencia de unas políticas insensatas de las administraciones. Así nos vemos como nos vemos: donde había astilleros, hoy hay unos almacenes que venden a crédito; donde había pesca, hoy hay centros de día; donde ayer estaba la Zona Franca, hoy funciona una inmobiliaria, y así hasta conseguir que el parking fuera la principal industria local. Pertenece ya al pasado gaditano una clase trabajadora con sueldos dignos que ahorraba y progresaba. Ahora hay ofertas de trabajo, no ya precario, sino indecente, y tugurios de "Se compra oro", indicios de bajos ingresos, ayudas sociales, paro… y fuga de la juventud.

Este drama demográfico era una y otra vez negado por las autoridades locales con ofendida terquedad. Baste recordar aquellos obcecados y cómicos argumentos de que en Cádiz vivía muchísima más gente, pero que los de Estadística no sabían contar. Algo que se repetía cada vez que se hacían públicos los datos. Incluso se gastaron miles de euros en una campaña para querer llevar razón. Ni los nunca revelados resultados, ni los efectos letárgicos de la hipnótica propaganda municipal, que pretendía hacer creer que menos era más, podían disimular lo que saltaba a la vista: una ciudad envejecida de la que huían los jóvenes. Lo raro es que aún no se haya oído: ¡Kichi dimisión!

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