Con la venia

Fernando Santiago

fdosantiago@prensacadiz.org

Reivindicación del sieso

La mayoría de los vecinos somos de natural malage, algunos siesos e incluso los hay que son siesos manío

Observo con preocupación cómo se extiende la falsa idea del gaditano gracioso. El martes mismo lo decía Fernando Colomo, director de cine, que rueda estos días en Cádiz una película mezcla de comedia e intriga que ellos llaman narcochirigota (ya se sabe que detrás del prefijo narco cabe cualquier cosa). Para el conocido director madrileño en Cádiz hay muchos graciosos, te montas en un taxi y te cuentan un chiste. A mí nunca me ha pasado, Colomo ha debido tener más suerte. Tan cansado está él de que le atribuyan la paternidad de la comedia madrileña como yo de que se promueva la idea del gracioso de Cádiz por lo que sería menester que se parase un poco a pensar y se saliera del tópico. Ni él forjó la comedia madrileña ni Cádiz está llena de graciosos. El día en el que un madrileño venga a Cádiz a buscar siesos o haga una película sobre malages seguro que se llevaba, cuanto menos, un Goya. Se trata de pensar un poco, de salirse del carril, de buscar detrás de los tópicos, de no dejarse arrastrar por las apariencias. El actor y el guionista de la película inciden en la idea del descaro y poca vergüenza del gaditano. No sé con cuántos gaditanos se han relacionado pero en general creo que la mayoría de los vecinos (y vecinas, que diría el alcalde, que según dicen es muy gracioso) somos de natural malage, algunos siesos e incluso los hay que alcanzan la excelencia del sieso manío, etiqueta reservada para el sieso cinco estrellas, el verdadero ejemplo del gaditano cabal, aquel que no se cree nada, que alcanza el grado 33 del escepticismo, que nunca ha pisado las tablas del Falla ni ha cargado ningún paso, que no vio jugar a Mágico, no se tiró por el Puente Canal, no jugó en la plaza Mina con pelotas de trapo, no sabe contar chistes y no se cree la pamplina esa del rayo verde de La Caleta. Ese es el verdadero gaditano con el poso de sabiduría que dan los siglos, con la mira cínica para todos los que quieren epatar al mundo con un chiste o un juego de palabras. Ahí está la esencia de Cádiz: ni en los erizos caleteros, que se cogen en Tarifa, ni en las tortillas de camarones que inventaron en la Venta de Vargas ni en las sirenas de los barcos. El verdadero age de Cádiz es el de aquel que tiene criterio propio y no se deja deslumbrar por el madrileño que viene a confirmar sus sospechas . Igual atenerse a la verdad no vende ni una escoba, tiene menos audiencia que un documental de Alcances. Que no nos vendan la moto de venir a decirnos cómo somos. Siesos de Cádiz, uníos.

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