Tribuna Libre

joaquín Rábago

Regreso a El Puerto

REGRESA uno a El Puerto después de un tiempo pasado en alguna capital europea y se encuentra con que por desgracia casi nada ha cambiado.

Se ha abierto acaso algún nuevo establecimiento, han cambiado de dueño y de nombre algunos restaurantes en la calle Misericordia; las calles están más limpias, pero parece ser todo.

Las llegadas por catamarán desde Cádiz siguen proporcionando al visitante las mismas vistas de casas en estado ruinoso y solares vacíos. Quien no conoce la ciudad no encuentra un mapa que le oriente sobre dónde están los principales monumentos o incluso la oficina de turismo aunque en el Ayuntamiento dicen que eso va a cambiar.

Y al recorrer dos calles tan céntricas como Luna o Palacios es no poder evitar la melancolía de ver tantos comercios que han echado el cierre sin que parezca que vayan a reabrir algún día.

Los comerciantes con los que uno habla se quejan como siempre de las trabas burocráticas que encuentran en el Ayuntamiento para la mínima reforma que suponga lo que ellos consideran una mejora para sus establecimientos.

Y todos, comerciantes y vecinos, coinciden en que mientras otros municipios turísticos de la provincia van para adelante, El Puerto parece cuando menos estancado.

Hay una situación de emergencia que requiere imaginación y medidas urgentes como la eliminación de tanta burocracia en la concesión de permisos de apertura de locales, y que reclama sobre todo un equipo municipal que tenga una idea clara de adónde debe ir El Puerto.

El aspecto del centro de la ciudad, con tantos locales cerrados y tantos carteles de "se vende" o "se alquila" en escaparates y balcones no parece en cualquier caso la mejor invitación a los potenciales inversores porque, entre otras cosas, los tiempos de la especulación quedaron ya atrás.

Ahora se trata de repoblar cuanto antes el centro, como reconocen en el propio Ayuntamiento, pero uno se pregunta cómo ello va a ser posible con unos alquileres que pocas parejas jóvenes se pueden permitir.

Y mientras no se repueble el casco histórico, difícilmente se activará el comercio o vendrán a establecerse aquí marcas conocidas como las que animan el centro de otras ciudades de la provincia.

Uno se pregunta si no se podría beneficiar mediante rebajas en el impuesto sobre bienes inmuebles a aquellos propietarios dispuestos a alquilar sus locales a precios razonables o a los comerciantes que se comprometan a mantener sus establecimientos abiertos durante todo el año.

Sería una forma de premiar a quienes estén decididos a crear empleo frente a los que sólo esperan a que vuelvan a subir los precios del sector inmobiliario para deshacerse un día de sus propiedades sin que les importe lo que ocurra entre tanto.

El Puerto es una ciudad de la que hemos escrito ya en alguna otra ocasión en estas páginas que parece vivir de espaldas tanto al río como al mar, que son, sin embargo, sus principales activos turísticos.

El río es en parte una sucesión de aparcamientos sin que un paseo como el que tienen otras ciudades permita llegar a pie o en bicicleta hasta la playa más próxima y sin que su margen izquierda esté mínimamente aprovechada para el ocio de vecinos y visitantes.

Y resulta totalmente increíble que para llegar por ejemplo a Puerto Sherry haya que ir en vehículo particular o en taxi sin que funcione un servicio de transporte público.

Mientras tanto, ¿qué hacen por cierto todas esas caravanas aparcadas durante todo el día al otro lado del río? ¿Es que acaso no hay en la ciudad un camping? Claro que es mucho más cómodo cruzar la pasarela para llegar al centro de El Puerto.

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