Crónica personal

Pilar Cernuda

Reforma laboral

LA vicepresidenta Salgado explicó que se ampliaba el plazo de negociaciones sobre la reforma laboral hasta finales de junio, y poco después el ministro de Trabajo declaraba que daba a empresarios y sindicatos una semana más para llegar a un acuerdo, una vez finalizado el plazo que les había marcado el Gobierno. A los dos días de que sus ministros hicieran sus anuncios contradictorios, Rodríguez Zapatero afirma que el miércoles 16 el Gobierno aprobará el decreto ley de reforma laboral. ¿Cómo era aquello que dijo Felipe González de que rectificar es de sabios pero rectificar todos los días es de necios? Llevamos ya unos cuantos años de rectificación en rectificación y de contradicción en contradicción, por no mencionar la palabra que más se ajusta a la situación, engaño. Pero hasta ahora nos habíamos visto que un ministro contradijera a otro en cuestión de horas y al poco el presidente rectificara a los dos.

Zapatero no tiene más remedio que optar por el decreto ley antes del 17, porque ese día tendrá que pasar un examen en Bruselas ante el que siente auténtico pavor, según cuenta algún alto funcionario que pertenece al equipo de Elena Salgado. Ese día Bruselas analizará con lupa las cuentas y el plan de ajuste del Gobierno español, y si piensa que no cumple con los requisitos tendremos que atenernos a las consecuencias. Y ninguna de esas consecuencias es grata, porque podría suceder incluso que la propia Unión Europea interviniera directamente en las decisiones del Gobierno, como ha ocurrido con Grecia.

Es el precio a pagar por ser miembro del club en el que siempre quisimos estar porque era necesario estar. Pero si siempre quisimos estar era porque se trataba de un club que podía lanzar a España al lugar donde se encuentran los mejores, los países más serios, más solventes y más desarrollados. Ahora, para estar ahí hay que seguir las normas de ese club. Y las que marca en estos momentos de crisis es que hay que tomar medidas económicas muy drásticas, que es obligado pagar las deudas y que no se pueden hacer dispendios como los del Gobierno español. Y menos aún cuando España se ha convertido en un lastre que hace bajar los índices europeos. Por ejemplo, el del empleo.

La reforma laboral es absolutamente indispensable para estabilizar el mercado del trabajo y crear empleo. Indispensable, aunque Méndez y Toxo lo ponen en cuestión. Pero es imposible el acuerdo entre dos dirigentes sindicales que miran más por sus intereses que por la situación angustiosa de los parados, y un presidente de la patronal que se aferra a su cargo como un clavo ardiendo tras demostrar que como empresario es un absoluto desastre. No había más salida que una decisión gubernamental. El problema es que llega tarde y con un gobierno acomplejado.

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