La azotea

J.M. / Sánchez / Reyes

Rebelión en Cádiz

SE abren las puertas de los colegios y sus chirridos despiertan del letargo a los que creíamos difuntos. Muertos durante el verano, olfatean el fresquito y salen de sus tumbas los avíos del puchero con los ojos inyectados en sangre. Tintineo de cucharas nerviosas. Basta de tenedores y ensaladas. Cobran vida las colchas, que aporrean las puertas de los armarios y los canapés pidiendo ser liberadas. Empujan desde atrás los nórdicos. Danzan las rebecas por las casas cuando se ausentan sus dueños, escapando de las cajas de IKEA. A la pastora que lleva el cántaro en sus brazos y al pastor que carga con la oveja les queda poco para abandonar las oscuras sombras del ropero empotrao. Huye Sandevid a tierras más cálidas. Huele a rebelión, a nuevos tiempos. Algo se está cociendo. Golpe de estado otoñal. El verano se resiste a ser derrocado, pero las castañas asadas asaltarán y cerrarán La Caleta hasta nueva orden. Cádiz es un campo de batalla.

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