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Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Propaganda

La propaganda se ha adueñado del discurso político y en eso el Gobierno andaluz no es una excepción

Sale el consejero Bendodo y anuncia que la Junta va a empezar a vacunar a diestro y siniestro antes de que nos comamos las uvas de Nochevieja. Como si la vacuna la hubiera inventado él o como si fuera él mismo el que la va a esperar en el centro de salud para inyectársela en el brazo. Pero no, la llegada de la vacuna antes o después no depende para nada de la gestión que se haga desde San Telmo ni de la voluntad que le ponga. Va a depender exclusivamente de que en Bruselas la Agencia Europea del Medicamento considere que es suficientemente segura y de que en Madrid el Ministerio de Sanidad las reciba y las distribuya conforme a unos criterios que todavía son un mero diseño teórico que habrá que ver cómo se confirman en la realidad. Lo único que cabe esperar de la sanidad andaluza es que tenga la capacidad de administrarla con la máxima eficiencia posible.

Pero eso es lo de menos. Lo importante es poder salir después de cada Consejo de Gobierno a meter en la centrifugadora de la propaganda cualquier cosa que se ponga a tiro y que permita fabricar una realidad alternativa que distraiga de cualquier otra que sea incómoda. Por ejemplo, que la Junta es incapaz de cumplir compromisos programáticos, como la reducción de una burocracia que ahoga cualquier proyecto emprendedor o suprimir el sistema de medicamentos que el PP consideraba como unas de las principales rémoras del sistema sanitario andaluz.

En los tiempos de la saturación de mensajes, del imperio de la comunicación instantánea y de las redes sociales se cumple inexorablemente la analogía que repite el maestro Miguel Ángel Aguilar: cuando se produce una inundación lo primero que falta es el agua potable y la gente muere de sed. Nos está pasando exactamente eso: vivimos una situación en la que la propaganda se ha adueñado del discurso político con una intensidad que no se había dado desde que hay libertad de prensa en España y en la que a la información le cuesta trabajo abrirse paso. En esto, el Gobierno andaluz, que en la práctica es un Gobierno del PP, aunque formalmente figure como de coalición, no sólo no es una excepción, sino que demuestra ser un alumno aventajado de las técnicas que en la época de Aznar puso en marcha Miguel Ángel Rodríguez en la Moncloa y que ahora repite con parecida intensidad al servicio de la presidenta de Madrid.

Pero, en contra de lo que suelen pensar los profesionales de la desinformación, la propaganda, como la mentira, termina volviéndose contra sus promotores. Al tiempo.

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