Crónica personal

Pilar / cernuda

El Príncipe

MAÑANA el Rey vuelve a entrar en el quirófano y el Príncipe se hará cargo de su agenda oficial. Poco se habla del Príncipe -lo que seguramente agradece- y, sin embargo, merece capítulo aparte. En tiempos de aguas turbulentas como los que vivimos, don Felipe cumple de forma impecable las funciones a las que está obligado.

No debe ser fácil para él. Se ha abierto el sin duda incómodo debate sobre la abdicación, los profesionales de la crítica a la Princesa de Asturias hacen su agosto de forma implacable -y económicamente muy rentable- comprendiendo que el caso Urdangarín vuelve a colocar en primer plano a toda la Familia Real y a doña Letizia en particular, han salido a la luz las tensiones familiares que sin dudas entristecen a un Príncipe que quiere, admira y respeta a sus padres, y por si no fueran suficientes problemas personales, la actuación de su cuñado ha provocado una profunda brecha en sus relaciones con la infanta Cristina, a la que don Felipe siempre estuvo especialmente unido. Por no hablar de las desidias que se han contado sobre algunas conversaciones entre el Príncipe e Iñaki que ni siquiera se han producido y que sin embargo han provocado ríos de tinta. Ríos no precisamente plácidos sino que enturbiaban gravemente la imagen de la Corona, hoy en cuestión por quienes aprovechan la debilidad de las instituciones y de las personas para lanzarse a degüello, y en este caso además agudizadas por el afán de una mujer que ve peligrar sus negocios al ver que ya no cuenta con la ayuda inestimable de quien le abría las más importantes puertas del escenario internacional.

Don Felipe, lo admiten quienes han tenido oportunidad de conocerlo, es un lujo para los españoles y para la Corona. Su formación es excepcional y tiene una sensibilidad que se ve en pocos personajes públicos, y menos en los que un día serán Jefe de Estado. Tenía todas las papeletas para ser un hombre engreído, distante, que sentía superior al resto de los mortales, y sin embargo se siente a gusto en toda clase de ambientes, sobre todo desde su matrimonio.

Su relación con el Rey es, hoy, perfecta. Y hay que apuntar el hoy porque no siempre ha sido tan fluida, de tanta confianza, de tanta confidencia y responsabilidad compartida. Adora a la Reina, su eterno soporte cuando ha habido dificultades, y siente una admiración profunda por su padre y por el trabajo que ha hecho en estos treinta años para que España saliera adelante.

Se hace cargo de su agenda a partir de mañana. No hay problema: la agenda está en buenas manos.

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