Su propio afán

Primero, primarias

Estos días se deciden los cabezas de lista y todos los que se presentan merecen un reconocimiento

La política también se juega en las distancias cortas. A menudo se adelanta por el interior. De los partidos políticos se podría decir lo que Chesterton observó de las casas: son mucho más grandes por dentro que por fuera. Aunque la opinión pública sólo esté pendiente de lo que ocurre en el foro, los partidos están decidiendo ahora quién encabezará las listas de las generales y quiénes no. Estos movimientos, que van por dentro, como las procesiones, tendrán después una trascendencia enorme para los programas, las políticas y los pactos. Nunca debemos minusvalorar el factor humano.

Apenas nos llegan los ecos de las dudas y los debates de los partidos por defender esto o aquello o por no defenderlo, y desvaídos rumores de las primarias, de las quinielas y de los movimientos tácticos para poner unos cabezas de lista u otros. Acabo de enterarme de que mi admirado José María Ucha, de Sanlúcar, aunque profesor en la Universidad de Sevilla de Matemáticas, ha dado un paso al frente para presentarse a las primarias de Cádiz de Ciudadanos. No conozco a sus once rivales, que deben de ser también estupendos (en esta columna somos partidarios de la presunción de excelencia). Aunque no sean peores, serán, en el mejor de los casos, iguales. Seguro que no dejan atrás a Ucha, que es un individuo íntegro, inteligente, implicado, ingenioso, intelectual e interesado por todo, incluso por la poesía española contemporánea.

Ciudadanos de Cádiz notaría mucho que él fuese su hombre en el Congreso. Cuando me dio la noticia, observé que el icono de su Whatsapp eran unos pomelos: naranjas por fuera y rojísimos por dentro. Yo, naturalmente, le pomeleé un poco. Pero me cogió la vez: «Fíjate que mi naranja es sanguina, de esas que te ponen en Roma: de zumo dulce y que dejan en la servilleta una mancha como de carmín». Así es él, todo va con intención: el humor del engaño, la dulzura del zumo, el guiño romano al amigo güelfo, la elegancia de la servilleta frente al churrete y, sobre todo, esa romántica mancha de carmín que dejan las naranjas sanguinas, quien las probó lo sabe.

Contra la mala fama de los políticos, la decisión de dar un paso al frente es muy valiente y sacrificada. Entra vértigo de pensarlo. Por eso creo que todos los que estos días se ofrecen a servir a la sociedad desde sus ideas y sus partidos merecen nuestro homenaje. Todos, aunque yo lo personifique en el temerario Ucha.

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